Con esos cuerpos bronceados, librados y trabajados, esas pieles morenas por el sol y el efecto del mar, esas embarcaciones de placer, esos roces entre compañeros, con sonrisas de anuncio, me parece que acaban con el mercado de los modelos.
Ya no hacen falta actores o modelos, cuando encontramos a esta cantidad de pibones llevando una vida de lujo, quizá excesiva, disfrutando de la pelota y de lo que haga falta.
Ay un punto de exceso en todo. Ahora, bellos, bellos, sin duda y el bueno de Enric, un amor.
A mi juicio este es uno de aquellos casos en donde el paso del tiempo ha ido haciendo maravillas. Es de esperar que se ponga más bueno todavía (si es que es eso posible).