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El Zorro (Ficción)

#1
En las vacaciones de verano, Martín se iba a la casa de su padrino Ricardo que vivía en el campo. Tenía una gran hacienda, con un jardín delantero donde tomaban el té al aire fresco en las calurosas tardes de verano. El padrino Ricardo aparentaba tener menos años de los que realmente tenía, le gustaba practicar deportes y andar a caballo, en el pueblo era conocido por el apodo "El Zorro" por su gran habilidad en el esgrima y parecido físico con el actor Guy Williams. No estaba casado, había salido con muchas mujeres, pero con ninguna logró formar una relación y menos tener hijos.

Este verano sería diferente porque Martín había cumplido sus 18 años, y recordaba una frase que le había dicho padrino Ricky: "Cuando tengas 18 años, te contaré mi mayor secreto". Martín había soñado tantas veces con ese verano en que su padrino le revelara su secreto. Sus padres llevaban a Martín en el auto y podían notar al muchacho nervioso. -Martín ¿qué te pasa hijo? te ves muy preocupado- No es nada mamá, sólo estoy ansioso por ver a padrino Ricky, hace un año que no lo veo, quizás no me reconozca. Su madre sonrío, y acarició su mano, le dijo -Estoy segura que padrino Ricky te reconocerá-.

Las chicharras del campo estaban a pleno canto. -Como odio estos insectos fastidiosos no sé como Ricardo puede aguantar viviendo sólo en el campo- decía el padre de Martín. 
-Hace mucho calor por eso es que las chicharras cantan- le contestó la mamá de Martín. Mientras los escuchaba Martín pensaba en aquel libro que había leído sobre las chicharras, donde mencionaba que el canto entonado era de los machos para atraer a las hembras, producido por un aparato estridulatorio situado en los costados del primer segmento abdominal, que consta de membranas quitinosas llamadas timbales y de sacos con aire que funcionan como cajas de resonancia, emitiendo cada especie un sonido propio característico. 
Estaban por llegar, Martín veía desde el auto, las flores que sobresalían del jardín de la hacienda de padrino Ricky. El padre de Martín había estacionado, su madre había bajado sujetando su sombrero porque estaba soplando un vientito que venía del sur. Sintieron una voz cercana -Pero miren esa bella mujer- era padrino Ricky era alto con su característica sonrisa, su voz grave pero al mismo tiempo dulce, sus ojos pícaros. -Ricardo ¿cómo estás?- la mamá de Martín le dio un abrazo al padrino, mientras papá lo miraba muy serio. 
-Y este muchacho debe ser Martincito- enseguida sale Martín del auto, mientras su padrino lo agarra del hombro cariñosamente, -traigan un whisky que este muchacho ya puede tomar- dice con una sonrisa de oreja a oreja. -Viste que te iba a reconocer- le decía la mamá a Martín, nuevamente sonriendo. -No se preocupen que este chico va a estar bien cuidado, lo dejan en buenas manos-.

-Creo que el que te va a tener que cuidar es Martín- le dice su mamá despidiéndose con una sonrisa. Mientras papá está serio, se despide con un "Hasta luego". Padrino Ricky no me quita la mano del hombro, puedo sentir sus dedos acariciando mi camisa y quitándome la tierrita de encima. Miramos como el auto se iba por el caminito y desaparecía entre los montes. 
Se había hecho la noche, y padrino Ricky aún no me contaba su secreto, no quería preguntarle. Estábamos en la sala de estar, sentado uno al lado del otro en el sofá mientras padrino Ricky me leía la "Ilíada", como cuando era niño, su voz profunda me producía un cosquilleo en el estómago, a los dos nos gustaban las historias de guerreros como Aquiles. Esta vez no estábamos tomando té, sino un vino de su bodega. De tanto cansancio que tenía mis ojos se cayeron, sintió como padrino Ricky le daba un beso en la frente, podía sentir esos labios mojando su frente. Me dormí en un profundo sueño imaginándome una noche con el semidiós Aquiles. 

En la madrugada Martín se despertó de golpe, había tenido una pesadilla donde sus padres morían en un accidente. Le vino ganas de ir al baño, había tomado mucho vino, necesitaba orinar. Caminó muy sigilosamente por la sala hasta llegar al baño, abrió la puerta y encontró al padrino sentado en el inodoro dormido. Podía ver las piernas desnudas, parecían las de un jugador de fútbol bien marcadas de hacer ejercicio. Martín lo tocó para ver si se despertaba, pero el padrino seguía roncando. Lo agarró desde el torso, tocando su abdomen bien durito y lo levantó, por primera vez Martín le veía el miembro a su padrino estaba bien dotado, con unos huevos bien grande. La nariz de Martín chochaba con el cuello de su padrino, podía oler su perfume bien de macho. Era increíble como su padrino no se despertaba, estaba muy dormido. Al levantarlo pudo ver su cola, dos nalgas grandes bien duritas y en el inodoro vio los trozos de mierda que había cagado. Lejos de sentirse asqueado por el olor a mierda, Martín se excitó. Decidió no tirar la cisterna para no despertarlo. Fue despacito hasta la habitación, lo dejó en la cama de sabanas blancas, le puso una almohada para que apoyara su cabeza. Y se fue directo al baño que había en la habitación, pero no podía orinar por la erección que tenía, tuvo que esperar a que bajara para recién mear. La luz del baño se encendió, Martín cerró los ojos, los chorros de su pis se cortaron de golpe y sentía que el corazón le bombeaba a mil, podía sentir las manos de su padrino. -Nene vamos a la cama- su padrino parecía borracho. Le daba besitos y le manoseaba la cola a Martín, que era bien lampiño, su colita al tacto podía ser confundida con la de una mujer. Martín sintió que le tocaba el pene también, su padrino lanzó una carcajada "vaya que crecidito que estás... ven vamos a la cama que quiero mojarte con lechitaaa", Martín le siguió la corriente estaba muy excitado. Su padrino lo agarró con sus brazos bien musculosos, lo sostuvo mientras Martín recostaba su cabeza sobre el pecho peludo de El Zorro como le decía los pueblerinos a su padrino. Bajó su cuerpo en las sabanas blancas, y con sus labios besó las piernas de Martín hasta llegar a sus pies, luego se dirigió hacia su cola podía sentir como el bigote de su padrino le hacía cosquillas que de a poco se transformarían en gemidos. Martín sentía como la lengua de su padrino mojaba su ano, continuaba sintiendo un cosquilleo, mientras se dejaba llevar por los besos de su padrino. "Nene aquí viene Tornado" y sentía como el tamaño miembro de su padrino entraba a su ano, "aaasss" le dolía, nunca había sido penetrado, el pene de Martín deja salir semen manchando las sabanas blancas. Su padrino metía su verga cada vez más fuerte y Martín cada vez más agudizaba sus gemidos. Sentía la pija de su padrino adentro del ano, las venas podía sentir que estaban bien gruesas y comienza a salir de golpe un líquido viscoso violentamente, el estómago le dolía tenía ganas de como soltar un gas, al sacar su padrino su verga, pudo sentir la bocanada de aire en su ano, empujó fuerte su estómago y soltó toda la leche sobre la pija de su padrino mientras apoyaba su cabeza sobre su brazo todo musculoso. Martín quedó mudo como Bernardo, quería que no se acabara más este momento, había descubierto el secreto: su padrino tenía ganas de acostarse con él, y no lo iba a hacer hasta que cumpliera los 18. 

El Zorro (Ficción)

#2
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EL HELADO Y LOS MUCHACHOS 

Tomás disfrutaba las vacaciones con Mauro su amigo, ambos trabajaban en un cine de las calles Ayacucho y Andes, en las tardes se iban a la playa. Los fines de semana solía estar repletas de gente las salas de cine, los niños iban entusiasmados a ver el estreno del verano "El Rey León", mientras los adultos optaban por ver la comedia "Mentiras verdaderas" la versión francesa de La Totale!, protagonizada por Arnold Schwarzenegger. Luego de cada función, tenían que limpiar la sala, allí encontraban de todo... DE TODO. Entre palomitas tiradas, coca derramada e incluso semen en el piso. 
Tomás estaba enamorado de Mauro era "el niño de sus ojos", tierno como el primer cachorrito que tuvo cuando era pequeño. Pero le daba mucho miedo confesarle su atracción, aunque notaba que lo de Mauro y él era especial. La primera vez que se fijó en él fue cuando lo ayudó en su tarea de matemáticas, Mauro podía hacer cuentas con los ojos cerrados y le encantaba la física, era bajito de estatura y tenía un pelo castaño bien claro. Recordaba cuando recién se conocieron, en ese entonces Tomás, que era conocido como el matón de la clase, lo había empujado tirando sus libros. Tomás solía agarrárselas con los bajitos, para soltar sus frustraciones. Sin embargo, gracias a Mauro pudo dejar esa ira que anidaba su cuerpo, porque Mauro no sólo lo perdono sino que lo ayudó y Tomás siempre estaría en deuda con "el niño de sus ojos". 
Mientras limpiaba uno de los asientos llenos de palomitas, Mauro se agachó, mientras Tomás no le quitaba los ojos de la cola, era bien redondita. -¡Que calor!- decía Mauro, con la frente toda sudada. -Hey, tranquilo macho esta tarde vamos a la playa- le contestaba Tomás. Los ojos de Tomás bien verdes le brillaban, Mauro lo miraba desde abajo sonriente como un niño que ha conseguido su juguete favorito. 
En la tarde los dos bajaron a la playa, Tomás iba con unos shorts cortos bien rojos y Mauro con unos azules. Tomás tenía un abdomen bien definido, jugaba mucho fútbol y le gustaba el boxeo, era alto y parecía el hermano mayor de Mauro, siempre estaba protegiéndolo y asegurándose de que la pasara bien. Mauro podía notar como ni bien bajaban a la playa, Tomás era el centro de miradas, todas las chicas lo miraban y sonreían, es que era muy guapo. 
Desplegaron las toallas en la arena bien suave de la costa, colocando una chancleta en cada esquina para que no se volara por el viento que había. Mauro sacó el protector solar de la mochila, -Eh, quieres que te ponga en la espalda- Si claro, le decía Tomás -Vente macho-. Mauro se echaba abundante crema de protector solar en cada mano, y la desplegaba en la espalda de Tomás cubriendo todas las esquinas. -Ahora me toca pasarte a ti- le decía Tomás tocándole la pierna a Mauro. Mientras le pasaba protector solar a Mauro, él ve algo a lo lejos y me dice bajito "Tommy ¿ese no es el chico de la discoteca?". Tomás había tenido una pelea con un chico porque le dijo "maricón a Mauro", se habían agarrado a los puños afuera. -Si quieres nos vamos- bueno, le contestó Tomás. 
La tarde en la playa había terminado abruptamente, Mauro y Tomás caminaban en chancletas por la calle que daba hacia la playa, la vista era espectacular podían ver las olas de ese mar bien azul lleno de surfistas esperando a la ola más grande para lanzarse. Tomás tenía ganas de abrazar a Mauro, pero no lo hizo. -¿No quieres tomar un helado? le preguntó Mauro con sus ojitos color miel. -Sí, a ver cuál se derrite primero- le dice Tomás haciendo una guiñada con el ojo. En la heladería había una larga fila, estuvieron esperando los muchachos como media hora. -Pah, que lucha no pensé que fuera a demorar tanto- decía Mauro. -Eh, tranquilo valdrá la pena- le decía Tomás dándole un golpecito en el hombro, pero queriendo abrazarlo. Cuando al fin llegaron al mostrador, la señora que vendía helados les dijo que le quedaba para hacer uno sólo, porque ya estaban por cerrar. -Venga, pedimos igual- dijo Tommy con su vozarrón bien de macho. -Elige tú los gustos Maurito- Bueno menta, chocolate amargo y crema. La señora les dio el helado y les entregó dos cucharitas una roja y la otra azul.  
Los muchachos se dispusieron a caminar por la peatonal, se tuvieron que poner las remeras, ya corría un vientito. Había mucha gente porque el día había sido muy caluroso y estaba anocheciendo. Se sentaron en una de las mesas que había afuera y se rozaban los dedos mientras sacaban helado con sus cucharas. -Come ese borde, se va a derretir- le decía Mauro a Tomás. Mientras Tomás miraba a Mauro con los labios llenos de crema, mientras se sonreían. Tomás le tendió la mano y Mauro la tomó, sentía como le acariciaba con los dedos llevándolos de arriba a abajo y luego de abajo hacia arriba. Mauro podía sentir un cosquilleo en su estómago, se preguntaba si aquello era sentir amor. Mauro le dijo "me gustas Tommy", Tomás sonrío y se acercó a los labios de Mauro, mientras Mauro apoyaba su mano en el pectoral de Tomás llevando su mano hacia el cuello, Mauro podía sentir un beso, que acariciaba su alma con dulzura diciéndole que todo iba a estar bien y que no tenía nada que temer. Mientras una multitud miraban el helado y los muchachos. 

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#3
LA MAÑANA SIGUIENTE
Martín se despertó y encontró que su padrino ya no estaba en la cama, sentía ruido en el baño así que decidió ir hasta allí. Al levantarse vió una mancha de mierda en la sabana, se había olvidado de limpiarle la cola a su padrino pensaba sonriendo. Su padrino estaba por entrar a la ducha -Eh Martín, no quieres una duchita- su padrino actuaba de forma natural, a pesar de estar desnudo. -Vente Martincito- de a poco Martín se acerca de forma muy tímida, se quita los calzoncillos. Mientras padrino Ricky abre la ducha, comienzan a caer gotitas, mira me agarra la mano suavemente y me dice -Ves que calentita está-. Me sonríe, y me dice -Sé lo que pasó anoche, te pido disculpas, no se lo digas a nadie será nuestro secreto si?- Martín estaba nervioso, le gustaba su padrino pero no sabía si eso estaba bien. Recordaba que hacía una semana cuando fue a una discoteca con unos amigos, un muchacho alto le dijo "maricón" a su mejor amigo Mauro, que era algo amanerado si pero también la persona más dulce que había conocido en su vida. Otro compañero del secundario, Tomás se había enojado mucho, era el más alto, y como practicaba boxeo lo retó a pelear en la calle. El muchacho quedó con el ojo morado, y Tomás fue arrestado hasta que su padre lo vino a buscar. Martín recordaba lo que le dolió sentir aquella palabra "maricón". Padrino Ricky cerró el grifo, miró a Martín y le dijo -Qué te pasa hijo, te noto triste- nada le respondió Martín. -Tranquilo, lo que pasó es normal, no tienes porque darle tanta importancia a lo que sucedió anoche, sólo olvídalo- No, le contestó Martín. Y a padrino Ricky se le borró la sonrisa. -Padrino, anoche fue la mejor noche que he tenido en mi vida- le dijo abrazándolo. -No sabía que tú también eras igual a mi, que te gustan los hombres-. Padrino Ricky abrazó al muchacho que lloraba, le secó las lágrimas y le dijo -tranquilo, te voy a ayudar-. De repente Martín sintió como los labios de padrino Ricky se acercaban a los de él, le dio un húmedo beso, Martín acariciaba los labios de su padrino con su lengua. Le besaba el cuello, padrino Ricky abrió el grifo, le dijo enjabóname la espalda, deslicé el jabón sobre su musculosa espalda, se me paró enseguida. Padrino Ricky también tenía la verga erecta le medía como unos 20 cm, me agaché para chupársela, estaba salada era como comer un chorizo de los asados que hacía padrino Ricky en verano. Padrino Ricky soltó un grito bien masculino, y salió un montón de leche, abrí la boca para tragármela toda. Padrino Ricky cerró nuevamente el grifo, y se estiró para sacar la toalla del estante, se tiró un pedo y lanzó una carcajada. El olor a mierda me la ponía dura otra vez al recordar lo de anoche. -Hijo, (se reía) anoche me dormí cagando de tanto vino que tomé- Martín estaba tentado de risa, acariciaba a padrino Ricky, mientras su padrino se ponía serio y lo miraba con una cara llena de deseo y amor. Martín lo abrazo y le dijo -Padrino, quiero estar toda la vida contigo, quiero que este momento no termine nunca-. Al rato bajaron a desayunar, prepararon un café con leche con unas tostadas. Padrino Ricky sacó un cuchillo y empezó a untar mantequilla en la tostada, se la dio a Martín. A continuación, padrino Ricky tenía ganas de hablar, hacía bastante frío para ser verano así que el café nos venía bastante bien. -Sabes Martín, has cumplido 18 años, y quiero proponerte que vengas a vivir conmigo a la hacienda-. Martín con los ojos brillantes, le dijo que Sí, que lo ayudaría en lo que precisara, que le encantaría tener una vida con su padrino. Verás aquí el tiempo pasa más lento, es más tranquilo, lejos del bullicio de la ciudad, de los que juzgan, no tendrás nada que temer, yo estaré aquí para defenderte.

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#4
LA ÚLTIMA NOCHE
 
Tomás había regresado a su casa, luego de haber pasado todo el día con Mauro, sonreía tratando de recordar cada momento antes de aquel beso. Era la primera vez que besaba a un hombre, y fue adelante de todos en pleno centro de la ciudad. Pensaba que los habían acostumbrado a ver hombres juntos sólo para pelearse, que el hecho de que un hombre bese a otro hombre parecía la solución más sensata para acabar con las guerras que sufría el mundo. A Tomás le encantaba el boxeo, era una forma de descargar sus frustraciones, de los problemas económicos que sufrían en su casa, de su padre alocholico que maltrataba a su madre. Con Mauro sentía un gran alivio, nunca había sentido algo así por alguien, de sólo pensarlo sonreía. En la mañana se despertó y salió a caminar, cuando se encontró con un montón de muchachos practicando rugby, a Tomás siempre le había llamado la atención el rugby, era un deporte que siempre había querido practicar pero sin embargo se dedicó al fútbol que era su deporte preferido. La pelota era uno de sus amores y siempre había soñado con ser una estrella del deporte, aunque sólo jugaba en las inferiores. Luego de caminar, se pegó una ducha y se fue a trabajar. Cuando llegó vio a Mauro, que le sonreía. Le dio un beso en su mejilla, pero acercándose a sus labios, estaba muy bonito, llevaba un moño y olía a un perfume que me hacía acordar a los pinos en el patio atrás de mi casa. La jornada laboral fue más larga que otras veces, tenía muchas ganas de salir con Mauro, hacer algo juntos con el “niño de sus ojos”. Tomás lo invitó a su casa a quedarse a dormir, Mauro aceptó. Cuando íbamos en el autobus rumbo a mi casa, Mauro no me quitaba los ojos de mi pantalón, note como miraba mi paquete con ganas, como estaba con shorts de fútbol sabía que se notaba un poco, era cabezona. Llegamos a casa, mi madre nos preguntó como nos había ido, nos sonrío y me contó en privado que papá había decidido marcharse, eso me puso muy triste. Tenía ganas de llorar, pero estaba Mauro no podía llorar al lado de él. Fuimos a mi cuarto, y le conté a Mauro lo de mi padre, no pude contener las lágrimas, Mauro me acariciaba el brazo y me tocaba el pecho. Nunca antes había llorado frente a un amigo, no desde que era niño y mi padre me pegó una vez por llorar. Mauro era todo lo que estaba bien, estaba muy enamorado de él siempre supe que le gustaban los varones. -Tranquilo Tommy, siempre me tendrás a mi, ¿quieres salir a caminar un rato para despejarte?- Yo le contesté con los ojos llorosos si y le di un beso.
La madre de Tomás estaba por hacer la cena, Tomás se despidió de ella le dijo -Te quiero mami, todo va a estar bien-.
Salimos a caminar, estuvimos charlando horas, nos abrazamos porque empezaba a haber frío y no habíamos llevado camperas. -Estás calentito Tommy, no tendrás fiebre no- siento a Mauro tocandome la frente, su voz era dulce, me gustaba esa inocencia que tenía y su inteligencia que no era sólo porque leía mucho sino porque sabía ver más allá en las personas. En ese momento nos dimos un beso, fue largo, estabamos perdidamente enamorados creo hasta que sentimos un grito. Unos chicos grandes sin remera se nos acercan y nos dicen “Eh mariquitas”, uno de ellos me pega una trompada, yo me defiendo le pego unos piñazos, veo que a Mauro lo agarran de atrás y lo sujetan, veo los ojos llorozos de Mauro. Mientras se me suben tres chicos encima, me comienza a sangrar la mandíbula, y uno me pega justo en el estómago, luego recibo una patada de otro chico, quedo mareado, no logro ver a Mauro y luego veo todo en blanco. Mauro miraba a Tomás, todo ensangrentado, gritaba hacia unos policías que veía a lo lejos, los muchachos al enterarse salieron corriendo. Mauro agarró a Tomás, estaba muy herido, la policía lo ayudó a llevarlo al hospital. Estuvo en una camilla, dándole oxígeno, mientras le sostenía la mano. Los policías miraban asombrados, le preguntaron si era su hermano y Mauro les dijo: “No, es mi novio”. Se quedaron callados. Estuvo tres horas en el hospital, le pudo avisar a la madre de Tomás lo sucedido desde allí. Vino y se sentó al lado mío esperamos una hora más, hasta que salió el médico y nos dio la peor noticia que haya escuchado en mi vida: Tomás había muerto.
De acuerdo al médico la causa de muerte habría sido un fuerte traumatismo de craneo. La policía encontró a los muchachos, eran 11 y eran de un club de rugby, que solía practicar en la zona por las mañanas. Era el club de rugby que había visto Tomás esa mañana. Mauro recordaba a los chicos, eran una máquina de golpear, estaba destruido por dentro abrazó fuerte a la madre de Tomás, sentía que su vida se acababa. Los días siguientes fueron una pesadilla, se sentía incomprendido por sus padres a los que no les podía contar lo que había vivido con Tomás y lo que representaba para él. Tampoco podía contarle a la madre de Tomás, pensaría mal de él, así que decidió llamar a su mejor amigo Martín que se encontraba en el campo de su padrino.

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#5
EL DOLOR Y EL AMOR
 
Mauro le había contado a Martín lo sucedido, ambos lloraron y con la voz sin fuerza Martín le dijo que viniera al campo de su padrino. Mauro agarró su mochila, le dijo a sus padres que Martín lo había invitado al campo a pasar unos días, la madre de Mauro sonrío por primera vez en dos semanas, pensó que Mauro había vivido muchos dolores ese día al perder a un gran amigo como Tomás y sería bueno que se despejara unos días en el campo con su mejor amigo.
Al llegar al campo, Martín le dio un fuerte abrazo a Mauro. Padrino Ricky se veía serio, lo saludó. -Este es mi padrino Ricardo- le presentó Martín a Mauro. -Mucho gusto- le dijo Mauro. -El gusto es mío, Martín me ha hablado muy bien de ti- le dio un abrazo amistoso, entren les daré algo de comer, debes tener mucha hambre Mauro, el viaje ha sido largo.
Mauro y Martín estuvieron horas hablando, le contó todo sobre Tomás, que había renunciado al trabajo, todo lo que había sucedido. El beso que se habían dado, Martín lo abrazó. Padrino Ricky podía escucharlos desde abajo. El dolor era algo difícil de superar, Ricardo lo sabía bien, el también había perdido a un gran compañero, se lo había arrebatado una terrible enfermedad. Decidió ir a hablar con los muchachos y alegrarlos con una buena noticia, había encontrado un cachorrito en la ruta,. El perrito se encariñó con Mauro enseguida, padrino Ricky podía ver como Mauro se sentía mucho mejor, estaba sonriendo.
Con el pasar de los días, los muchachos se pusieron a trabajar la tierra, ayudar con las tareas del hogar. Así fue durante mucho tiempo, padrino Ricky también partió y la hacienda la heredó su ahijado Martín que vivió hasta el último suspiro junto al amor de Mauro.
 

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#6
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LA PRIMERA VEZ DE RICARDO
En el pueblo de Almuña, Ricardo Catalano un joven de 21 años regresaba tras haber pasado los últimos tres años en el ejército. Llegaba al mediodía iba a visitar a la chica que le gustaba Mariana que trabajaba en una cafetería, Ricardo era alto media un metro noventa, sus ojos brillaban y su sonrisa era encantadora. Mariana quedó pálida cuando lo voy entrar, le preguntó a su amiga Sonia si estaba guapa para verlo. Sonia le miró el pantalón que llevaba, mientras caminaba hacia las sillas, se le marcaba la cabeza del pene en la esquina izquierda de su bragueta. -Buenos días señoritas- pronunciaba con una voz grave Ricardo parecía un locutor de radio, Mariana sentía como su vagina se humedecía a medida que Ricardo hablaba. Sonia le dijo que la cubría, así que Mariana decidió tomar su media hora de descanso en una mesa del local, para charlar un rato con Ricardo. Le llevó leche fresca en un vaso y unas galletitas. Mientras Ricardo le contaba sus anécdotas en el ejército, sus picardías y rezongos por parte del Comandante, Mariana le miraba el mentón bien marcado que tenía como movía los labios mientras se devoraba la galletita, la mojaba con la leche y le quedaban algunas gotitas en los labios. En la noche, Ricardo que alquilaba una habitación en un Motel de mala muerte invitó a Mariana a venir a su cuarto. Entre caricias y besos, Mariana tenía ganas de tener sexo con Ricardo, le manoseaba la verga podía notar que era larga y gruesa, cuando la sacó del calzoncillo vio aquella anaconda venosa, la metió en su boca y le mojó con sus labios. Estuvieron un buen rato, Mariana había logrado llegar a tener dos orgasmos esa noche, pero sin embargo Ricardo no lograba acabar en la vagina de Mariana. La cara de Ricardo era de preocupación, su rostro parecía triste, Mariana lo acarició y le preguntó ¿Qué te sucede Ricardo? No me siento bien, y se retiró yendo hacia el baño. Ricardo había intentado tener sexo muchas veces con mujeres, pero nunca llegaba a eyacular, otras veces no se le ponía erecta sin embargo en el ejército mientras se duchaban varias veces el pito se le levantaba y tenía que hacer un chiste de que quería masturbarse porque hacía mucho tiempo que no tenía sexo con una mujer. Ricardo se daba cuenta que le excitaba ver las colas paradas y duras de sus compañeros del ejército, un roce con sus peludas piernas era suficiente para que se le endureciera como una roca. Con la puerta cerrada Ricardo no quería salir del baño, Mariana se entró a preocupar y quedó enojada, comenzó a gritarle para que le abriera. Ricardo abrió la puerta y le dijo que se tranquilizara, Mariana le dijo "es porque estoy con más peso ahora, por eso no quieres hacerlo?" No, le contestó enfáticamente Ricardo, "No es eso" mientras se sentaba en la orilla de su cama. Estuvieron discutiendo un buen rato, Mariana cada vez más hablaba a los gritos, a Ricardo le estaba doliendo la cabeza. La siguiente semana, notó como Ricardo estaba perdiendo el interés en ella, ya no la escuchaba. Ricardo se iba a la cancha de fútbol en las tardes a jugar partidos con sus amigos de la infancia, para no seguir escuchando los complejos de Mariana y sus constantes críticas. Entró a la cancha y saludó a Darío, José, Enrique, Roberto, Fabián, Leonardo y Francisco. Todos habían compartido varios años en el ejército, algunos de ellos ya habían encontrado trabajo en el pueblo, Roberto seguía buscando. Estaba viviendo en un motel con el dinero que le pasaba su padre. Ricardo jugaba de arquero por su altura siempre lo elegían a él tenía buenos reflejos porque además practicaba esgrima, Darío y José eran mediocampistas, Roberto y Fabián eran delanteros y Leonardo y Francisco jugaban de defensa. Ricardo se movía en el arco atajando la pelota, Roberto era buen goleador, podía ver esas piernas que volaban por la cancha. Pero esta vez su mirada estaba en Francisco, no lo conocía mucho, pero tenía algo que le llamaba la atención no sabía si era admiración o le gustaba, quizás las dos cosas. Pero Ricardo todavía no entendía muy bien porque le llamaban la atención los hombres, pero Francisco sin dudas era un guerrero del fútbol jugaba como si fuera un gladiador de la antigua Roma. Tenía picardía en el juego para evadir rivales, su pantalón blanco era cortito y se le veían claramente esas piernas de semidiós y esos brazos impresionantes de boxeador, porque también le gustaba el boxeo. Ricardo se distrajo con la belleza de Francisco, y le terminó haciendo un gol. Al final del partido perdieron 2-1, los dos goles fueron de Francisco, sus compañeros de equipo estaban enojados con Ricardo. Ese día ni siquiera se despidieron. Ricardo se quedó en la cancha, limpiando había mucha basura junta debido al anterior partido en el que no limpiaron. Mientras reflexionaba acerca de su vida, pensaba en qué trabajaría, ¿qué pasaría con Mariana?
-¿Necesitas ayuda?- era Francisco, había agarrado una pala y me iba ayudar a recoger la basura. -No le hagas caso a los muchachos, lo que pasa es que soy muy buen defensa- decía sonriendo Francisco. Ricardo le pegó suavemente en el hombro, estaba bien duro era impenetrable, dios que hombre pensaba Ricardo. Los dos eran altos, pero Ricardo era más flaco mientras que Francisco era más ancho. Luego de terminar la limpieza, Francisco lo invitó a su casa, era un campo a las afueras del pueblo. Francisco tenía su caballo afuera, y me subí junto con él, me tenía que sostener en el cuerpo de Francisco, estaba calentito, se imaginaba como sería sin camiseta. Llegaron a la hacienda y al bajar, Ricardo le miró la cola de Francisco era grandota bien paradita, quería tocarla pero claramente le iba a dejar el ojo morado si lo hacía. La hacienda tenía un gran patio delantero, estaba casi vacío y un patio trasero donde había una piscina -No te pases macho, menuda pileta- quieres meterte en el agua antes de que almorcemos le preguntó Francisco. -Anda me encantaría papá- le contestó Ricardo, pero no tengo short. ¿Quién necesita short? le decía Francisco mientras se sacaba el pantaloncito cortito del fútbol. Estaba en gayumbos, se le veía mejor la cola estaba fuerte, Ricardo estaba tentado con tocarla. Lo miró al tirarse a la piscina, vio como las dos nalgas se le movieron en el aire, a Ricardo se le paró enseguida, tuvo que salir corriendo hacia adentro de la casa. ¿Te pasa algo Ricardo? le preguntó Francisco. -No, necesito mear ¿dónde está el baño?- Subiendo las escaleras a mano izquierda. Por suerte los padres adoptivos de Francisco no estaban, se habían ido de vacaciones a Miami. 

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#7
Al volver del baño, Ricardo fue en gayumbos hacia la piscina hizo carrerita y se lanzó hacia el agua donde estaba Francisco. -Macho, que lindos ojos tienes- le decía Francisco apoyando su brazo en el borde de la piscina. Ricardo sonrío pero su cara era de preocupación, lo recibió como un halago. -Gracias- le respondió, y tu tienes buenas nalgas- le contestó Ricardo riéndose. Francisco sonrío y me preguntó ¿Quieres almorzar? Si- le respondió Ricardo. 
Había carne de cerdo, nos sentamos a comer, quería tener algo con Francisco, y para buscarlo comencé a pegarle con mi pierna al principio suave y después más fuerte. Francisco hacía lo mismo, podía sentir esa pierna velluda, la pija se me estaba levantando quería que notara mi miembro así que con mi pie le toqué su verga haber si se le paraba. Francisco me sacó el pie y con cara de enojado, me dijo "Tranquila marica". -¿Qué te pasa hijo de puta estoy jodiendo?- le dijo Ricardo enojado. "Vete de mi casa" le dijo también Francisco. -Lo siento, no quería decir eso, es solo una broma como amigos- le toqué el pectoral sin querer. Y Francisco estaba con los ojos llorosos, "Ya ándate", "-¿Estás bien Fran?-" le preguntó Ricardo. "Si no te vas te dejaré el ojo morado", Ricardo le tocó el cachete, y Francisco lo tiró al suelo de un piñazo, comenzaba a sangrarle la boca a Ricardo. -Oye, disculpa no quise...- de repente, Ricardo le hizo una zancadilla y Francisco se cayó arriba de él, la verga de Francisco rozaba la de Ricardo. De a poco se asomaba una erección de Ricardo y Francisco lo podía sentir, Ricardo empezó a eyacular tanto que le manchó el short de Francisco.

PARA LOS LECTORES: Si has seguido esta historia, te invito a que en los comentarios imagines que sucede después. Gracias por leer esta historia. 
 
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