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Una mañana de running con un niñato cachondo

#1
Hola a todos,

Os dejo un nuevo relato que me vino esta semana a la cabeza, tras justamente salir a correr un día... Espero que os guste, ya me contaréis.  :jajajaja:

Va dedicado a una persona muy especial, que creo que sabe de sobra quien es  :silbido ​​​​​​​

***********************
​​​​​​​El Runner:
Una mañana de running con un niñato cachondo
 
Era un día cualquiera de otoño, una mañana húmeda, pero agradable de temperatura. Hoy daba
la casualidad de que libraba en el curro, por lo que tenía todo el tiempo del mundo para mí, para
hacer lo que me diera la gana, pero a media mañana ya me estaba entrando el gusanillo de hacer
algo.

Desde hacía unos cuantos meses había decidido cuidarme un poco y todas las tardes iba al
gimnasio a hacer mi sesión de cardio o de fuerza. No es que mi objetivo fuera tener un cuerpo
mazado, pero ahora que había perdido algún kilo de más que tenia, si quería tonificar mi cuerpo y
marcarlo un poco. De momento poco a poco iba dando resultado. A mis 26 años tenía un cuerpo
bonito, podíamos decir que era algo más alto de lo normal, rondaba el metro ochenta y cinco. Mi
pelo moreno entraba en contraste con mi piel más pálida que poco a poco iba perdiendo el
bronceado estival. A todo esto mi nombre es Marcos.

En fin, con el tema del rollito de cuidarme, que no podía estar en casa toda la mañana sin mover
el culo, así que decidí salir a correr un poco. No solía ir a correr, no me gustaba demasiado,
prefería ir al gimnasio y evitar la tan frecuente lluvia del lugar en el que vivía. Pero esa mañana la
temperatura era agradable y me apeteció.

No lo dude más, cogí la ropa para hacer deporte y me fui al baño para cambiarme. Me quité la
ropa de andar por casa que llevaba en ese momento y por un momento me vi desnudo frente al
espejo. Estaba empezando a tener un cuerpo bonito. Mis brazos eran cada vez más fuertes y mis
bíceps comenzaban a marcarse. Mi pecho completamente lampiño, bueno o ligeramente
depilado del poco vello que me salía por esa parte del cuerpo estaba cada vez más definido,
coronado por dos grandes pezones sonrosados que volvían loco a más de uno. Si continuaba
más abajo mis abdominales comenzaban a tomar forma, no es que tuviera una gran tableta, pero
empezaba a marcarse y más de un chico suspiraba por pasar las yemas de sus dedos por ellos.

Pero en aquel momento si algo me gustaba de mí eran mis piernas. Era la parte de mi cuerpo que
se había puesto más fuerte y más se había desarrollado, tanto mis gemelos como mis muslos
estaban perfectamente definidos y eran cada vez más fuertes y grandes. Especialmente mis
muslos, completamente depilados y perfectos para que se agarren a ellos. Si mis piernas se
habían puesto fuertes, mi culo no era una excepción y aunque estaba mal que yo lo dijera tenía
un culazo que hasta a mí mismo me gustaría follar.

La guinda del pastel estaba entre mis piernas. Tenía una polla normal, nunca me la medía, en
reposo destacaba en el centro de mi cuerpo y en erección calculo que rondaría los 16
centímetros, algo que considero más que suficiente. No sería la polla más grande del mundo,
pero era proporcionada a mi cuerpo, ganando en grosor cuando estaba excitado, lo que
garantizaba el placer de quien tuviese la suerte de acompañarme en ese momento. No obstante,
lo importante es usarla bien, más que tener 20 centímetros de polla.

Además consideraba que mi polla era bonita, no me preguntéis como es una polla bonita, me
gustan las pollas, pero las hay que me gustan más y la mía me la comería encantado. Aunque iba
depilado, le dejaba un pequeño circulo de vello fino recortado a su alrededor, me gustaba
provocar. Destacaba su piel ligeramente más morena que el resto del cuerpo y en su interior
guardaba un glande sonrosado y juguetón que me generaba enormes ratos de placer. A todo ello
mis dos huevos completaban el pack y formaban un buen paquete.

Tras el momento ególatra, era hora de vestirme para la faena. Me puse una camiseta azul de
manga corta y unas mallas negras bien ceñidas de estas típicas para hacer ejercicio. De nuevo no
puede evitar fijarme en la sensual silueta de mi paquete en el espejo. Me puse los calcetines y me
abroché las zapatillas para salir a correr.

Apenas unos minutos después había salido a la calle. A pesar de ser ya avanzado el mes de
noviembre, el resol que se colaba entre las nubes que cubrían el cielo dejaba una temperatura
muy agradable y que incitaba a salir a la calle. Algo raro en esta ciudad, en la que una vez llega el
mes de octubre la lluvia y el ambiente fresco era lo más habitual antes de la llegada del frío
invierno.

Vivía en una zona residencial, a escasos metros de la playa, por lo que comencé a trotar
suavemente hacia esa zona para ir calentando. Una vez en el paseo marítimo comencé a
aumentar el ritmo en dirección a una senda peatonal que bordeaba toda la costa entre
acantilados. Era un buen lugar para hacer ejercicio y disfrutar del aire puro y la brisa del mar que
me ayudaban a coger más energía para correr.

Conforme me alejaba de la ciudad, la ruta se hacía más escarpada y comenzaron a llegar las
cuestas y escaleras para bordear los acantilados que separaba las pequeñas playas que
salpicaban la rocosa costa.

Llevaba buen ritmo y seguía manteniendo mi buen fondo a pesar de que hacía tiempo que no
salía a correr; pero esta claro que el entrenamiento en el gimnasio daba sus frutos. A pesar de ello
las últimas cuestas y escaleras me estaban dejando agotado. Aunque no me la veía notaba mi
cara roja por el esfuerzo, mientras las gotas de sudor se deslizaban lentamente por mi tez y
acababan cayendo en mi camiseta ya de por sí mojada. Mis piernas al igual que el resto del
cuerpo brillaban por la humedad del sudor. Apenas me quedarían 500 metros hasta llegar al área
de descanso que estaba sobre el acantilado más alto, no podía desfallecer ahora, así que saqué
fuerzas, aceleré y con un ritmo firme y decidido llegué en apenas unos minutos.

Una vez en la cima, lo primero que hice fue ir corriendo hasta la primera fuente que encontré y
beber agua. Necesitaba hidratarme, a continuación me senté en un banco para recuperar la
respiración y poder descansar unos minutos. Estuve unos minutos disfrutando del paisaje, era un
área de descanso muy bonita, con mesas y bancos y toda ella rodeada de numerosos árboles
que formaban pequeños bosquetes.

A pesar de que la ruta circulaba en su mayor parte pegada al litoral, sobre los acantilados, el área
estaba apenas unos metros más hacia el interior, en una pequeña rasa. Si bien los árboles no
dejaban ver directamente el mar, ya que se interponían, se escuchaba perfectamente el rugir de
las olas del mar chocando contra las rocas. La brisa costera agitaba levemente las ramas de los
árboles tirando poco a poco las amarillentas hojas que quedaban entre los árboles a la vez que
cargaba el ambiente de aire puro y cargado de salitre que daba ese olor característico a mar.

Lo mejor del lugar era la gran tranquilidad que había allí en aquel momento. Era una mañana por
semana y ya avanzado el otoño, a pesar de la buena temperatura, la constante amenaza de lluvia
está claro que dejó a la gente en su casa, porque esta zona en fin de semana o en verano suele
ser un hervidero de gente.

Al cabo de unos minutos escuché el característico sonido de los pies chocando contra el suelo
de alguien que parecía que también se había animado a correr. Giré mi cabeza y veía como un
chico llegaba no muy rápido hacia la zona en la que yo estaba. Al igual que yo lo primero que hizo
fue dirigirse a la fuente para beber agua, a continuación se sentó en uno de los bancos de la
zona. No estaba muy lejos, pero tampoco muy cerca, digamos que se quedó a una distancia
prudencial.

No me digáis por qué, pero sentí curiosidad por saber quién era el chico que había tenido la
misma idea que yo de acabar en el punto más alto de toda la ruta con una sudada de
campeonato. Giré mi cabeza y le vi allí sentado, parecía un chico joven, tendría entre 18 y 20
años. Su pelo era castaño claro con algunos destellos rubios, tenía el pelo algo largo, con un
flequillo que le caía sobre la frente y que se veía completamente húmedo por el sudor. Parecía un
chaval guapete.

Seguía con curiosidad y tenía gana de fijarme un poco más en ese chico, así que me levanté y fui
de nuevo hacia la fuente que estaba muy cercana al banco en el que se estaba descansando. De
la que iba hacia la fuente aproveché para echarle una mirada. Justo en ese momento nuestras
miradas se cruzaron, quedó mirándome y me echo un buen repaso, no le quité la mirada y la
seguía manteniendo, hasta que no le aguanté más y seguí hacia mi destino.

Volví a beber agua y aproveché para meterme la cabeza bajo el chorro de agua para refrescarme.
El agua empapó mi pelo y al levantarme comenzó a arroyar por mi cuello llegando a mojar mi
camiseta humedeciéndola aún más y ciñéndola a mi pecho. Una vez di media vuelta, volví a mirar
al chico, y solo podía pensar en lo bueno qué estaba.

Estaba ya de nuevo en el mismo banco que antes, nuestras miradas seguía cruzándose de forma
intermitente. Llevaba una camiseta roja sin mangas dejando al descubierto sus brazos, que sin
ser muy fuertes eran bonitos. En un momento dado llevó su mano a la frente para apartar su
flequillo y pude ver su axila cubierta por escaso vello que no me digáis por qué pero me
encantaría chupar en aquel momento. Al igual que yo llevaba unas mallas para correr, eran
bastante cortas, de color azul y muy ajustadas, se ajustaban perfectamente a su anatomía y
parecía que le marcaban un paquete más que apetecible.

Estaba repasando por completo su cuerpo y casi sin darme cuenta mi polla comenzó a despertar
de su letargo. Cuando me di cuenta, mi paquete comenzaba a abultar más de lo normal, me
estaba empezando a empalmar, mi polla cargaba hacia uno de los lados y las mallas ajustadas no
ayudaban lo más mínimo a ser discreto. Por ello, me giré hacia un lado y disimuladamente metí
una de mis manos bajo el elástico para intentar disimular lo inevitable. Moví mi polla para
disimular el inicio de erección que estaba teniendo. Aunque la discreción no sé cuanto duraría,
pues al tocar mi polla, mis dedos acabaron húmedos, estaba comenzado a mojar las mallas.

A pesar de los intentos por disimular aquello, creo que el chaval me pilló, ya que en cuanto volví a
recuperar la posición inicial pude ver como el chico seguía mirándome fijamente. Y creo que se
había dado cuenta de que estaba empalmándome cada vez más a cada segundo que pasaba.
Entre otras cosas porque pude ver como de repente se abrió de piernas, notando su bulto, que
creo que también se estaba poniendo duro. En cuanto se dio cuenta de que le miraba, puso una
de sus manos en su muslo y la subió lentamente hasta agarrarse de una forma discreta, pero
dejándolo suficientemente a la vista en un claro gesto que no daba lugar a dudas de que
intentaba ponerme cachondo.

En ese momento me bloqueé. No sabía que hacer y no sabía si estaba malinterpretando las
señales, ni realmente que era aquello. Me estaba poniendo rojo y mi polla cada vez estaba más
dura. Estaba metido en un lío de cojones, nunca mejor dicho.

No podía seguir allí sentado. Así que tiré por lo fácil, entre uno de los bosquetes había un
pequeño camino de tierra entre los árboles que llevaba a un mirador natural sobre los
acantilados. Era un lugar escondido y que muy poca gente conocía. Así que me levanté y fui
hacia allí intentando escapar de aquello, con suerte me asomaría en aquel lugar que me relajaba y
la brisa del mar me ayudaría a relajarme y a bajar mi nivel de calentura.

Al levantarme el chico debió de quedar descolocado, creo que lo menos que esperaba es que yo
me metiera por aquel camino. Una vez me cubrían los árboles y estaba seguro que ya no me veía
eché a correr, en apenas un minuto había salido de aquel bosquete y estaba frente al inmenso
mar. La brisa comenzaba a darme en la cara y poco a poco empezaba a relajarme.

Me senté en una roca y me puse a mirar al horizonte, deje mi mirada perdida, cerré los ojos e
intenté desconectar. No obstante en mi mente al cerrar los ojos volvía a ver a ese niñato que me
puso tan cachondo hace apenas un par de minutos. - Joder Marcos, relájate de una puta vez. -
Me dije en voz alta.

- ¿Tanto te impongo, Marcos? - Una voz tras de mí interrumpió bruscamente mi momento de
desconexión devolviéndome de nuevo a la realidad. En ese momento una gota de sudor frío
comenzó a arroyar por mi espalda. No podía ser verdad lo que estaba pasando por mi cabeza.

Giré mi cabeza y ahí estaba él. Tras de mí, apoyado de forma distendida contra el tronco de un
árbol estaba el chaval. Cruzaba sus manos de forma chulesca y su cara era de puro vicio. No
daba crédito a lo que estaba pasando. Nuestras miradas se cruzaron y quedaron enganchadas
unos segundos, el chaval imponía y estaba claro que no me iba a quitar la cara. El puto niñato me
desafiaba.

- ¿Perdón?
- ¿Seguro que no me has entendido? Digo que si tanto te impongo Marquitos…
- ¿Te conozco de algo? Porque no sé a cuento de qué tienes esa confianza.
- ¿No te acuerdas de mí? Soy Javi.
- ¿Qué?
- Javier, Javi, llámame Javi.
- Creo que te estás equivocando…
- Yo creo que no. O me vas a decir que hace 5 minutos no te levantaste de tu banco para fijarte
en mi polla.
- ¿Cómo?
- ¿Me vas a decir que no te fijaste en mi paquete antes? - Me dijo mientras se agarraba con
fuerza el paquete de una manera más que obscena y se la marcaba por completo sobre sus
mallas azules - ¿No te fijaste en mi rabo?
- ¡Pero qué dices!
- No me mientas.
- Anda tío, vete a vacilar a otro. Lo que me faltaba es que ahora un niñato de 15 años venga a
tomarme el pelo.
- 18, tengo 18, lo mismo que me mide la polla.
- ¿Tío de qué cojones vas? - Dije mientras me levantaba rápidamente de allí para salir de aquel
lugar.
- No te enfades Marquitos, que estás muy bueno.
- Valió ya joder.

Ya estaba de pie y me disponía a irme de allí, cuando el puto niñato no se cortaba lo más mínimo.
Y cuando pasé a su lado en dirección al camino de vuelta se volvió a plantar frente a mí y con su
mano agarro con fuerza mi polla, que aquel momento estaba completamente empalmada, muy
dura, caliente y por qué no decirlo, húmeda. Tuve que morderme el labio para reprimir un gemido
a aquel agarrón a mi paquete. Pero por si no fuera poco, Javi, con su otra mano agarro la mía y la
llevó hacia su paquete. Apretó con fuerza mi mano que no tuvo más remedio que agarrar su rabo
sobre la tela que recubría su paquete.

- Tu pollón creo que no quiere que te vallas de aquí. ¿De verdad te quieres ir?
- Joder… - dije suspirando.
- No te resistas Marquitos - El hijo de puta estaba poniéndome como una moto llamándome así.
- Pero aquí en medio. - Estaba empezando a caer en su trampa.
- Es aquí y ahora Marquitos. Déjame que te haga un hombre.
- Chaval que te saco 8 años. No te pases.
- Un hombre de verdad se atreve a follar en medio de un acantilado - Sería hijo de puta, si bien
era verdad que nunca había follado al aire libre de esa manera, me jodía que pusiera en tela de
juicio mi virilidad cuando estoy seguro que ese niñato no ha follado ni la mitad que yo.
- No me toques los cojones.
- No tranquilo, te acaricio los huevos y esa polla que está mojando y bastante tus mallas. Creo
que ella no dice que no a nada.

Al acabar de decir esa frase no me dio tiempo a replicar. Puso su mano tras mi nuca y me apretó
con fuerza hacia él. Nuestros labios se juntaron, apenas me resistí 5 segundos y abrí mi boca
dándole paso a su lengua que profanaba mi interior con ansia. Su lengua recorría el interior de mi
boca y jugaba con mi lengua. En ese momento de fulgor noté como agarró con fuerza mi culo y
yo ya me entregué por completo a la causa. Con mi lengua hice fuerza para echar a su lengua y
apoderarme yo de su boca, su saliva se mezclaba con la mía y notaba una mezcla de sabores,
entre el salado del sudor que caía sobre sus labios y el dulce de su boca. Nos besábamos con
fuerza, la saliva comenzaba a arroyar por la comisura de nuestros labios.

Estuvimos besándonos un buen rato mientras ambos nos agarrábamos con fuerza nuestros
culos. Estábamos completamente desatados y yo me había puesto a mil, estaba como una puta
moto y en aquel momento haría cualquier cosa. Además, a pesar de mi timidez, aquella situación
en un lugar en el que alguien podía vernos me estaba dando un morbo terrible. Entre beso y beso
aprovechábamos para coger aire y soltar algún que otro gemido. En un momento dado Javi me
arrancó la camiseta, pasó las yemas de sus dedos por mis pectorales, pellizcando uno de mis
pezones mientras me besaba en el cuello con fuerza, seguramente dejándome un buen chupetón.
No pude evitar gemir con fuerza a la vez que volvía a agarrar mi paquete.

Aquello era demasiado, le separé un par de segundos de mí e hice lo mismo con él, le quité la
camiseta. En aquel momento quede unos segundos disfrutando del cuerpo de aquel niñato de 18
años. Tenía un cuerpo bonito, al igual que yo no estaba mazado, ni definido, pero su pecho
animaba a lamerlo, tenía dos pezones que parecían duros y contrastaban con su piel pálida. Su
abdomen apenas marcaba unas pequeñas líneas que dejaban intuir sus abdominales. Su cuerpo
era completamente lampiño, no parecía que se depilase, simplemente parecía el cuerpo suave de
un adolescente que estaría dispuesto a lamer durante todo el día.

Lo que no parecía de adolescente era su polla. Sus mallas muy apretadas marcaban un
importante paquete. Su rabo estaba completamente empalmado subía desde su entrepierna
hasta uno de los laterales, el color azul de la tela permitía ver un cerco de humedad de su líquido
preseminal que marcaba aún más su glande contra la tela. Lleve mi mano y acaricié su paquete.

- Chúpame la polla Marquitos. Sé que lo estás deseando.

Dicho y hecho. No pude resistirme, me puse de rodillas y acerqué mi cabeza a sus mallas, aspire
con fuerza y pude notar ese olor característico a polla mezclado con el sudor de la carrera que
había echado antes de llegar allí. Comencé a lamer por encima de la tela, dando pequeños
mordisquitos que le robaban gemidos. Aproveché para agarrarme a su culo y mientras él llevaba
sus manos a mi cabeza para apretarme contra su paquete y restregarlo contra mi cara.

No aguantaba más, necesitaba meterme aquella polla en la boca, quería chupársela, hacer la
mamada de mi vida. Así que no lo pensé más, agarré el elástico de sus mallas y en apenas un
segundo se las quité. Su polla salió disparada rozando mis mejillas y mojándolas, llenándolas de
su líquido preseminal. Aquello era digno de la mejor película porno. Estaba poniéndome muy
cachondo.

Me aparté unos centímetros para disfrutar de la visión de su polla. Tenía un buen tamaño y grosor,
era proporcionada, y seguramente los 18 centímetros de los que fardaba antes eran reales.
Estaba completamente cachondo y eso se notaba, las venas se le marcaban en todo su tronco
marcando aún más su erección. Su glande comenzaba a descapullarse y una punta sonrosada y
brillante por la humedad de su líquido preseminal confirmaban la excitación del momento. De su
polla colgaban dos cojones de buen tamaño, de piel suave y tacto agradable al no tener nada de
vello. Eran perfectos y parecía que estaban cargados de lefa. Al igual que el resto de su cuerpo,
parecía el de un adolescente, sin apenas nada más que un poco de vello muy suave en la base
de su polla, que le daban ese toque de niñato que me estaba poniendo muy burro.

- Venga Marquitos, chúpame la polla, lo estás deseando - Me dijo mientras me tenía de rodillas
frente a él mirándole a los ojos.
- A ver lo que me aguantas niñato.
- Seguro que más que tú. Venga chupa Marquitos. - Dijo mientras me agarra el pelo y empujaba
mi cabeza hacia su cuerpo.

Solamente por joderle no empecé a comerle la polla. Me fui a uno de sus muslos y comencé a
lamerlo lentamente, pero él quería que fuese a su polla, me tiraba del pelo para que subiera hacia
ella, pero volví a putearle. O no… Comencé por sus suaves huevos. Eran perfectos y notaba
como con cada lametón por su suave piel se ponían cada vez más duros. Javi comenzó a gemir y
ahora sí que yo no podía aguantarme.

Subí un poco más y metí su polla en mi boca. Me la metí de golpe, con fuerza, obligándola a
descapullarse por completo en el primer lametón. Me la saque y pude ver su capullo
completamente fuera, solo quería lamerlo. Con mi mano agarré con fuerza su rabo y comencé a
lamer su glande como si fuera un helado. Javi gemía y junto al líquido preseminal que emanaba
de su punta, con ese sabor salado característico, estaba poniéndome cada vez más cachondo.
Una de mis manos se fue a mi paquete, me la agarraba con fuerza, pero al final acabé
sacándome de las mallas y empecé a pajearme mientras comenzaba a comer con ansias su
polla.

Javi gemía (como una puta), se estaba dejando llevar por aquella mamada. Sus gemidos me
ponían más burro y me llevaban a aumentar el ritmo de la chupada hasta que me agarró con
fuerza la cabeza y paró en seco aquello.

- Para que me corro. - Me dijo entre gemidos.
- ¿Esto es todo lo que aguantas? Menudo vacilón que estás hecho.
- Cállate, vamos a ver lo que aguantas tú.

Me incorporé y le comí los morros mezclando nuestra saliva con los restos del líquido que
manaba su polla y que arroyaba por mis labios. Mientras tanto él no perdió el tiempo agarró con
fuerza mi polla que ya estaba fuera de mis mallas y yo ahogué mi gemido mordiéndole el labio. En
un rápido movimiento de manos se deshizo de mis manos y al igual que él quedé completamente
desnudo, solamente con mis zapatillas de correr. Más de un fetichista se correría al vernos en
aquel momento.

- Venga niñato, voy a demostrarte lo que es aguantar. Cómeme el rabo. - Le agarré del pelo y le
empujé hacia abajo, obligándole a quedar de rodillas frente a mí. Le miré a los ojos, era
jodidamente guapo y ahora mismo solo quería follarle la boca. Mi polla estaba pletórica, pocas
veces la había visto así. Estaba dura como pocas veces, mi glande completamente
descapullado y arroyando gotas de líquido preseminal por el tronco que se perdían al final de
este humedeciendo el poco vello que rodeaba mi pene.

Javi se lanzó a mi polla. Comenzó a lamer con ganas, iba subiendo el ritmo a poco a poco
mientras yo me derretía de placer. Mis gemidos reverberaban entre los árboles y me daba igual
que alguien nos escuchase, necesitaba gemir como válvula de escape para aguantar lo máximo
posible.

Seguía comiéndome la polla, pero necesitaba más, así que le agarré de su pelo castaño, le pare
el ritmo y en ese momento fui yo el que comenzó a mover las caderas con fuerza. Estaba
follándome la boca de aquel niñato buenorro en medio del bosque. Aquello era demasiado. Fui
aumentando poco a poco las estocadas en su boca, mientras él se dejaba. Si miraba abajo,
podía ver como de sus labios arroyaba una mezcla pegajosa de su saliva y mi líquido preseminal
mientras él se estaba pajeando con fuerza.

No aguantaría mucho más así que reduje el ritmo de la follada, pasando a dar estocadas fuertes
que le obligaban a tragar toda mi polla, quedando su nariz contra mi pubis. Notaba como el
pervertido de Javi aprovechaba para aspirar el olor a sexo de los pelos que rodeaban mi polla…

Justo en ese momento noté como agarraba con fuerza mis nalgas y como con una de sus manos
intentaba separarlas. Al cabo de unos segundos y mientras mi polla seguía clavada en su boca,
noté como uno de sus dedos comenzaba a jugar con mi culo. Quedé quieto unos segundos para
ver su reacción y noté como poco a poco su dedo comenzaba a entrar dentro de mí. Gemí en
una mezcla de dolor por la intrusión brusca y de placer.

- ¿Y tú eres un hombre? Y lloras por un dedo. ¿Qué pasa si te meto mi pollón ahora?

Seguía vacilándome y no se lo iba a consentir. Le agarré con fuerza y le levanté. Le puse de
nuevo frente a mí y solamente me salió decirle - Te vas a enterar. - Le besé con fuerza,
mordiéndole los labios, esta vez con más fuerza. Estábamos junto a un árbol y le empotré con
fuerza apoyando su espalda contra el tronca mientras agarraba sus huevos haciendo que
gimiese.

- Ahora vas a ver lo que es un hombre. Un hombre no se deja follar por un niñato de 18 años. Un
hombre se los folla y voy a hacer mío tu culo. - No dijo ni mu. Creo que por primera vez le bajé
el ego y le intimide un poco.

Le di media vuelta, quedando su espalda y su culo ante mí. Tenía un culazo el hijo de puta, y ese
culo iba a ser mío, pretendía rompérselo allí mismo. Me daba todo igual, me puso demasiado
cachondo y solamente quería follarle sin compasión después del vacile que había aguantando
hasta ahora. Vacile, que cierto es, era un juego que nos había puesto a los dos como dos
animales en celo.

Sus nalgas blancas incitaban a todo tipo de perversiones. Cogí mi polla dura y empecé a
restregármela con ellas, dejándolas mojadas. Los dos gemíamos y parecía que le buscaban.

- ¿Quieres que te haga un hombre Javi?
- Si joder… - dijo mientras gemía.
- Así me gusta, un niñato sumiso que me va a entregar su culazo y va a saber lo que es que le
folle un hombre.
- No te pases.
- ¿Qué no qué? - Le dije mientras le tapaba la boca para que no hablase y le mordía el cuello. -
Eres un niñato que vino provocando, ahora vas a saber lo que es un hombre y sino, vuelve al
instituto a jugar a las chapas.

No dijo nada más, solamente gimió. Escupí en mi mano y humedecí su culo superficialmente.
Solté otro lapo y lo restregué por mi polla para lubricarla. La agarré con fuerza y puse la punta de
mi capullo junto a su ano. Por cortesía le pregunté, aunque el niñato no se lo merecía.

- ¿Estas listo para que te rompa el culo?
- Ah-Ah-Ah… - No contestó, simplemente gimió afirmando.

No lo dudé más y clave con fuerza y de una sola estocada mis 16 centímetros de polla en su
culo, hasta el fondo. Notaba como mi pubis rozaba sus nalgas y como Javi gemía para aliviar el
dolor. Su culo era estrecho, el niño iba de follador, pero pocas pollas o ninguna habían pasado
por allí aún. Aquello me garantizaba un placer infinito, notaba como su cuerpo hacía presión
contra mi pene.


Espere unos segundos para que su culo se abriera un poco más, aunque me lo quería follar sin
compasión quería que también disfrutase de aquello. Cuando noté que Javi se relajaba comencé
a follarme su culo sin compasión. Le agarré de sus caderas y comencé un mete saca rítmico con
estocadas profundas, se la metía hasta el fondo agrandando tanto su placer como el mío. Me
estaba dejando llevar por aquel niñato y no me resistí a darle algún azote en sus nalgas… quería
marcar a aquel niñato, quería que fuera mío. Aquello le gustaba, cada vez suspiraba y gemía más.

Yo estaba muy cachondo y sabía que no me quedaba mucho, aquel culito prieto estaba
literalmente exprimiendo mi polla. Comencé a acelerar el ritmo, le estaba follando muy fuerte y
notaba que él lo estaba gozando, notaba como mis huevos rebotaban con cada estocada contra
su culo y me estaba poniendo a tope.

Estaba ya a punto de correrme y metí mis dedos en su boca, los empezó a chupar mientras yo
seguía follándole. La saque de golpe de su culo y pude notar como se hacía el vacío en su culo
justo antes de volver a clavársela. Lo repetí dos o tres veces más y a la cuarta estocada noté
como aquello no tenía retorno. Apreté con fuerza mi cuerpo contra su culo y dejé que mi polla
reventase en el interior de su culo. En ese momento yo gemía como un animal mientras notaba
como oleadas de mi corrida inundaban su culo con cada espasmo de mi polla. Aquel orgasmo
había disparado mis pulsaciones y necesitaba liberar tensión. Apoyé mi cabeza en su cuello
mientras le mordía y le dejaba un chupetón a la vez que una de mis manos clavaba las uñas en su
culo.

Quedé unos segundos más pegado a su cuerpo caliente y sudado mientras recuperaba la
respiración tras uno de los órganos más placenteros e intensos de mi vida. Javi giró su cabeza y
me beso con fuerza mientras con su mano estaba pajeándose con fuerza. Yo seguía dentro de su
culo, mientras le quité la mano de su polla y comencé a pajearle.

Salí de su cuerpo, mi polla seguía dura y arroyando restos de semen de la corrida que acaba de
tener. Le di la vuelta y ahora apoyé su espalda contra el árbol, no lo dude un segundo y comencé
a comerle la polla sin compasión alguna. Chupaba con fuerza aquel pollón al que notaba que no
le quedaba mucho. Estaba muy dura, muy caliente y casi podía notar los espasmos en mi boca a
pesar de que no se estaba corriendo aún. Agarré con fuerza sus huevos que notaba como se
estaban contrayendo, señal inequívoca de que estaba a punto de correrse.

- Joder Marcos, me voy a correr tío.
- ¿Ya no soy Marquitos? - Le dije sonriendo mientras dejaba su polla sobre mis labios y le
miraba a los ojos.
- No tío, eres un puto follador.
- Así me gusta nene. Que llames las cosas por su nombre, pero lo de Marquitos me gusta. - Le
dije guiñándole el ojo.
- Pues te llamaré Marquitos cuando quieras…
- Ahora tendrás que demostrarme tú a mí que eres un hombre, ¿no? Venga anda lléname de lefa.
- Joder… tío me corro eh.
- Pues venga chaval, dámelo todo.

Abrió sus piernas entre el tronco y yo quedé sentado en el suelo junto a ellas, pegado a su
entrepierna. Mi lengua lamía sus huevos y notaba como estos chocaban con cada movimiento de
su polla contra mi frente. Aunque ahora no se la estaba comiendo aquella posición era
jodidamente excitante, los dos estábamos a mil.

Javi se pajeaba sobre mí con ansia mientras le comía las pelotas. Aquello no aguantaría mucho
más pues gemía sin parar y notaba como empezaba a contraer su cuerpo, al siguiente gemido
fuerte comenzó a correrse con fuerza mientras yo agarraba con fuerza sus muslos y mi lengua
seguía lamiendo sus cojones. En aquel momento estaba viendo la escena más sexualmente
potente de mi vida, estaba viendo com su polla comenzaba a echar incontables trallazos de
semen que caían sobre mi pecho y comenzaban a arroyar lentamente por mi abdomen llegando a
pringar mi propia polla con su leche.

- Joder…. - Dijo mientras lanzaba uno de los últimos trallazos que llegó hasta mi muslo. Su polla
se movía al ritmo de las contracciones del intenso orgasmo que estaba teniendo. Me incorporé
como pude y metí su polla en la boca y llegué a tiempo para notar como se movía sola en mi
polla y lamía los restos de su semen. Me levante y le besé con fuerza, intercambiando su
corrida entre nuestras bocas.
- Muy bien niñato, igual ya me has demostrado que también eres un hombre.
- Joder Marquitos…
- ¿Marquitos? Marcos chaval, mira a ver quien te folla así.
- No me dijiste que…
- La próxima vez que follemos te dejo que me llames Marquitos de nuevo. - Le dije mientras volví
a besarle.
- Vale Marcos, eres todo un macho. - Frase que hizo que reforzarse mi ego de machote follador.
- Así me gusta, aunque vamos no te quedas corto. De niñato tienes poco, bueno lo bueno que
estás.
- Tú estas muy bueno. Me has puesto a mil.

Nos vestimos, pero hicimos una cosa, aún no sé por qué, pero quizás por seguir con el morbo. Él
se llevó mi ropa puesta y yo puse sus mallas azules que serían objeto de mi perversión cuando
llegase a casa. Nos intercambiamos los móviles y quedamos en llamarnos.

Esa misma noche volví a escuchar como me llamaban Marquitos… Pero eso ya es otra historia.
 
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