Un metro de Verga

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hugdan0
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Asi fue como sucedió

Mensaje por hugdan0 » 19 Jun 2016 04:21

Un buen amigo, terapeuta, en una ocasión me recomendó, “escribe… escribe aquello que te aflije, todo eso que guardas, cualquier cosa que temas decir, después guárdalo o destruyelo, pero sentirás el alivio de haberlo expresado”


No pude dormir en toda la noche. Giraba hacia un lado y hacia el otro, a pesar de estar sobre un colchón muy cómodo las preocupaciones y el cansancio me mantuvieron despierto. Creo dormí sólo una hora y desperté de golpe. De vez en cuando escuchaba ruidos, de la demás gente en la casa comenzando su día. Todos con sus deberes y yo ahí, recostado en una cama ajena en una habitación que me habían cedido. Me senté en el borde, al contacto de mis pies descalzos sobre el suelo volvieron las punzadas, ese dolor en las plantas de los pies por haber caminado, caminar sin avanzar, caminata de angustia sobre un solo lugar.

Me tallé los ojos y me puse en pie. Me estiré y un ligero dolor de espalda me molestó, si… eso pasa con la edad, a mis 44 años, tengo más de un achaque, me moví discretamente por la habitación, y presté atención a los detalles. Llegué la noche anterior pero no había tenido oportunidad de observar. Una cama individual pegada a la pared frente a la puerta, un escritorio con una computadora, varios muebles para ropa y mucho juguetes tirados… ¡claro! ¿no lo creerían del cuarto de un niño?

Ya no escuchaba ruido de afuera. Salí a un pasillo y no había ni un alma, al parecer todos habían iniciado su día. Me asomé a otra habitación y era la habitación principal, donde mi amigo y su esposa dormían, y enseguida otra puerta… la de mi sobrino el mayor. Eché un vistazo y estaba vacío. Me aventuré por curioso.

Di unos pasos y casi tropiezo, les diré que mi sobrino Hugo, es un poco desordenado, ¿pero quien no lo es en sus años de universidad? Hice a un lado las cosas y mire que eran unas prendas de ropa. Mi mirada se fijó en una franja, color azul marino con letras celeste a lo largo, no se porque pero me agache.

Tomé el pedazo de tela y volví a pararme. Lo extendí con mis dos manos, una pequeña trusa. Sentí la tela con mis dedos. ¿como es que se guardan todo aquí? Me pregunté por el tamaño de la prenda. Aunque mi sobrino es delgado, siempre me he preguntado cómo es que la ropa interior cada vez es más chica y más variada, yo solo conozco un tipo y marca, punto.

Como vestía un pantalón de mezclilla desabotonado, miré la que traía yo puesto desde el día anterior, la veía incluso holgada, sobe las telas y noté una diferencia, en la suavidad, esa trusa pequeña se sentía delicada. Toqué la mía, por la parte de enfrente, sentí áspero al tacto con mi pene. ¿me preguntó si?

Levanté el elástico de mi ropa interior blanca y con la otra mano sosteniendo la otra me la metí agarrando mi flácido paquete. Me estruje con suavidad mientras me movía hacia la cama y me recosté. Cerré los ojos mientras me daba un masaje, no se porque me atreví, hasta ese entonces, yo era un hombre casado, recién separado, pero casado con una mujer y con hijos.

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Mensaje por hugdan0 » 19 Jun 2016 04:34

Intentaba despejar la mente de todos mis problemas, y ese pedazo de tela suave ponía su granito de arena. De repente, en mi mente volaban ideas al azar. Algo que me excitara, pensé en mujeres de diferentes lugares, de la televisión, de revistas, conocidas, pero la sensación me hacía volver a imaginar la pequeña trusa azul. Inconscientemente paso por mi mente a mi sobrino poniéndosela, ese muchacho que recién había pasado la mayoría de edad. Y eso me hizo viajar a mi pasado. A mi propio tío, recordando como dentro de la habitación yo era Rolandito pero fuera, frente a la familia sólo era Rolando.

Quisiera aclarar algo. En ese momento de mi pubertad, el ansia por explorar me empujaba a probar lo que se me presentara, lo que viví con él, ese despertar sexual fue consentido por mi, y aunque no lo considero un abuso, es un abuso de la inocencia por parte de alguien con experiencia hacia alguien inocente.

Esa represión me hizo detenerme. Era un autosabotaje, debo confesar que con todos mis problemas actuales uno de ellos era la disfunción eréctil. Reaccioné y salí rápido de la habitación antes de ser descubierto.


Entré a la cocina y encontré a mi sobrino Hugo revisando que había para almorzar, me ofreció un plato que devoré casi de inmediato.

Después regresé a mi habitación, debía tomar una ducha, entre al baño y quitando mi ropa noté algo extraño, tenía mas abultada mi ropa interior. Me invadió el miedo, olvidé dejar la trusa de Hugo. La tomé en mis manos y me quedé pensando unos segundos, aseguro que no se porque, pero la guardé en la bolsa del pantalón.

Esa misma noche, dando vueltas en la cama, mi mente volvía a recordarme todos mis problemas sin dejarme descansar. Recordé entonces la trusa azul. La saqué de la bolsa de mi pantalón que estaba en el suelo y la comencé a sobar. Con los días, seguía jugando con mi recuerdito, logrando apenas semi erecciones.


Una mañana desperté, un poco más animado que las anteriores, agarré la ropa interior robada y la froté como se me estaba haciendo costumbre contra mi cuerpo. Aquel día mantenía una semi erección, decidí llevar mi juego a la regadera, abrí el agua, la calibré a tibia y me metí, deje que la calidez cubriera todo mi cuerpo, remojando mi vello corporal y mi robusta complexión, baje la mirada y mi pene reaccionaba, aunque lento pero era un avance.

Con una mano apretaba masajeando mi verga en lento hinchamiento mientras con la otra restregaba mi juguete nuevo contra mi pecho, la tela empapada rozando mis pezones, alzé la cara para que el agua me cayera directo y mi mano bajaba por mi abdomen directo al centro de atención. Escuché un sonido y me alarmé. Gire hacia la puerta y a través de la cortina pude ver una imagen turbia.

- ¿Hugo? - pregunté. Pero la figura salió corriendo.

Mi corazón acelerado al descubierto me dejó paralizado, solté mi pene pero mi otra mano apretaba la trusa. “No vió nada” me decía a mi mismo “no pudo ver nada, estaba dándole la espalda” trataba de convencerme. Seguí con mi baño para salir de ahí y al enjabonar mi entrepierna me sorprendí al ver después de mucho tiempo una erección completa. Me quedé admirando, en verdad sentí alivio, mi causa no estaba perdida.

Al encararme con mi sobrino noté su pena. Le dije que no se preocupara, mostrándole un rostro despreocupado pero muerto de nervios por dentro al haber sido descubierto.

Esa mañana Hugo me invitó a salir, iríamos a una función temprana en el cine. Acepté por no tener más que hacer, la verdad disfrutaba la compañía del muchacho, muy alegre, vivaz, lleno de energía, yo esperaba se me contagiara un poco en ese momento de mi vida que tanto lo necesitaba.

Para su corta edad, mi sobrino, que es sobrino de cariño, su papá y yo somos amigos de muchos años, se mostraba muy emotivo ante mi situación, en especial la íntima; me daba palabras de optimismo diciéndome que todo tenía solución, a lo que contesté que todo a excepción de la muerte. ¿Que creen que me dijo? Que por lo menos muerto ¡estaría tieso! Me quedé pasmado, por supuesto que no me enojé, pero no esperaba ese comentario. Claro que solté una carcajada enseguida, pues ¿que podía saber este chamaco sobre esos problemas? Yo también tuve 18 y la traía parada todo el tiempo.

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Mensaje por hugdan0 » 19 Jun 2016 04:48

Entramos a una sala pequeña y a media luz, vacía como era de esperarse por la hora, fueron llegando una que otra persona más y nosotros ya estábamos en nuestro lugar. Comenzó una película de un festival de cine extranjero, a mi me fue atrapando la trama, ademas de las imágenes de lugares exóticos y modernos, mi mente volaba a lo que hubiera sido de haber tomado diferentes decisiones en mi vida.

Miré a mi acompañante que casi ni palomitas de maíz tomaba y lo observé bostezar. Supuse que no era el tipo de película que más le agradaba.

Le ofrecí salir o esperar otra función y eso le agradó, pero cuando hice el intento por levantarme sus delgados dedos apretaron mi brazo y sin esperar tanta fuerza de alguien tan delgado volví a sentarme. No obstante de la oscuridad, el brillo en los ojos de mi sobrino delató que algo se le ocurría.


“Intenta masturbarte aquí, la adrenalina de ser descubierto te ayudará a que se te pare”


Que muchacho tan loco, que idea tan descabellada. Impensable hacer eso ahí. Nos correrían si me descubren, incluso podrían llamar a la policía y ¿que cuentas daba yo? A mi amigo Ruben, el papá de Hugo. Pero… ¿no les ha pasado? Que incluso cuando tú conciencia te lo advierte haces caso al diablito en tu hombro izquierdo susurrando hacer lo prohibido. Fue como si aquel diminuto Rolando en mallas rojas me aventara a la cara la trusa azul que seguía guardando desde hace días, y acepté. Pero no podía hacerlo junto a él. Me alejé pocos asientos y aún así, de reojo podía ver a Hugo con su mirada alentadora. Respiré hondo y aguanté la respiración. Observé a todos lados, y la sala vacía salvo unas cuantas cabezitas sobresalían de los asientos. Deslice una mano debajo del short y mi ropa interior. Toqué mi flácido pene y lo moví, lo apreté tratando de alguna manera hacer que fluyera más sangre. Sin éxito.

De la fila de enfrente se levantó una figura, que avanzó despacio, no lo esperaba y quedé paralizado. Avanzó al final de la fila y mis ojos la seguían, de pronto sentí la presencia de mi sobrino a un lado mío. Me preguntó si me había pasado algo, y le confeé que con la adrenalina mi pene había reaccionado un poco.

Entonces, la figura, que no era más que una señora que había ido al baño, regresaba por el pasillo rumbo a su fila. Otra vez ese brillo en los ojos de Hugo, “saca la mano” me dijo, di gracias a la sensatez de dejar el experimento por miedo a que nos vieran, pero que equivocado estaba, tan pronto saqué mi mano, mi joven acompañante con su ágil mano deslizó sus dedos dentro de mi short agarrando de una buena vez mi verga, tomé aire por la sorpresa y me agarré fuerte a los descansa brazos. “¡NO!” Objete, pero era tarde, el muchacho masajeaba mi pene con tal destreza que imaginé era como él lo hacía consigo mismo.

Quisimos ocultarnos agarrando el bote de palomitas de maíz mientras la señora pasaba sin inmutarse, y Hugo seguía el masaje desde su lugar. Opté por cerrar los ojos y dejarme hacer. “¿Te gusta?” “¿Le sigo?” “¿que sientes?” Creo que son cosas que me decía Hugo al oído, pero la verdad es que no prestaba atención a las palabras, mucho menos a la película. Simplemente asentía con la cabeza. Mi pene ya no estaba flacido, ya era una verga dura otra vez, el muchacho me hizo bajar mi ropa a las rodillas para moverse mejor, obedecí por el morbo que me daba.

Sentía la respiración de Hugo en mi hombro, en mi cuello, sentía su cercanía y mi cuerpo se estremecía por completo, apreté el descansabrazos y palpé la suave tela del asiento de cine, y de inmediato mi cerebro arrojó la sensación de la trusa azul. Imaginé que Hugo la traía puesta… imaginé que era lo único que traía puesto en ese momento.

Se inclinó más hacia mi y moví mi brazo, lo alcé para no estorbar sus maniobras, acariciaba el respaldo del asiento contiguo, era una sensación tremenda, mi corazón latía a mil por hora, de pronto, ya no acariciaba la tela aterciopelada del asiento, sino la espalda de Hugo, y de inmediato mi áspera y gruesa mano subió a su nuca, sentí sus cortos y alborotados cabellos lacios en mi mano. No se porque… bueno, si lo se, la calentura, me hizo subir a su cabeza y hacer presión. Mi sobrino no puso objeción, de repente mi verga dura fue cubierta por la humedad y caliente boca de mi joven sobrino. Abrí la boca pero sabía que no podía salir ni un sonido porque nos podrían descubrir, ahogué toda tentacion por externar mi placer. Hugo se tragaba todo, chupaba con delicadeza pero se notaba la destreza. Poco faltó para ocasionar un espasmo, seguido por un orgasmo que hace mucho tiempo no sentía. No sin antes prevenir a Hugo que de todos modos siguió su labor. Tapé mi boca y gritando en mi mente solté un chorro y mis ojos vieron estrellas por todo el lugar. En ese momento pensé que tal cosa habría asqueado a mi mujer, pero no él, recibió mi néctar de hombre.

De camino a casa mostré mi miedo, más no arrepentimiento, se lo hice saber a Hugo que de inmediato me calmó, me hizo saber que podía confiar en él tanto como él conmigo. Me platicó sobre su vida y sobre su aceptada homosexualidad, que valor de muchacho. Yo jamás lo hubiera podido acep… pero no, yo no soy homo… recordé de pronto todos mis problemas y decidí no entrar en ese debate, no tenia cabida en mi cabeza para algo mas.

Y aquí estoy ahora, sentado en mi coche con la radio encendida. Los vidrios arriba y el aire acondicionado mitigando el horrendo calorón. Me siento ansioso, un poco preocupado, Hugo me pidió estar cerca, sin dudarlo acudí a su llamado. Me calmó diciendo que no era nada grave, pero aún así, presiento que algo le sucede. Me dijo “acompañame a la boda, no se si pueda… es muy…” no entendía porque, y no quería ir yo sin ser invitado a ese evento sin conocer más que a Hugo y sus padres, pero acordé estar esperando afuera de la iglesia con el auto encendido listo para su huida.

Pienso en Hugo, y todos los sentimientos que tengo hacia él, todo lo que despertó en mí que tenía tan oculto.


Aquella noche, después del cine, fue la primera vez, la primera de varias… que tomé al muchacho y lo hice mio. Con la premura de que no estaríamos solos por mucho, Hugo se lanzó a mi pene y lo paró rápidamente, la expectativa de ser descubierto ayudó, de pronto, tuve al muchacho empinado en la mesa de la cocina y yo empujaba mi verga enfundada en un condón abriendo paso en su tierno culito.

Me pedia lo hiciera despacio, y su ternura me obligaba, pero el morbo de tenerlo flexionado y mi pene adentrándose en él me hacían enloquecer. Aceleraba inconscientemente pero al oír sus gemidos aumentar trataba de calmarme, ¡pero no podía! Acariciar su cuerpo esbelto, piel morena clara y su cabello lacio y oscuro. Lo agarré por la cintura y me di cuenta que casi la rodeada con las manos, tan delgado Hugo, con razón tenía esa sensación de estreches apretando mi verga. No pude más, y tanta calentura me hizo venirme.

Sigo mirando hacia la iglesia, ya todos los invitados estaba dentro, esperando la gran ceremonia de unión. Sigo intrigado por el motivo que tenga Hugo para hacer una huida de ese lugar. Mi corazón late con fuerza, tengo miedo, de lo que me vaya a decir al confesarle que estoy decidido y lo quiero a él para mi, para estar a su lado siempre...

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Mensaje por marin » 25 Jun 2016 03:25

Gracias por la actualización ya nos la merecíamos, me gusta como la iniciaste en esta etapa final, remembranzas del Hugo niño preadolescente donde nos narra su incipiente homosexualidad en esa historia compartida con el tío Rolando., luego nos haces revivir una de tus narraciones pero ahora desde el punto de vista de Rolandito el tío al que logras que se olvide de su disfunción eréctil ante ese tratamiento que solamente una mente morbosa como la de Hugo le sabe aplicar o toda seguridad que la siguiente narración será igual o mas morbosa que la que nos compartes Hugdan0 gracias por seguir compartiéndonos tan bella historia.

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Mensaje por hugdan0 » 25 Jun 2016 19:39

Su esbelta y fuerte figura pasó a un lado mío, de reojo lo miré con mi vaso rojo en una mano revolviendo la bebida que había quedado un poco cargada. Sentí su mirada pero fijé la mía hacia donde todo el grupo veía, al centro de aquel salón pequeño. La chica bailaba una sensual danza del vientre mientras se quitaba prendas de encima. Debió haber costado mucho, era muy bonita y de buen cuerpo, más no podría calcular la cantidad, los encargados de llevar la stripper fueron amigos de Sergio.

No me llamaba la atención, pero quería distraerme. Bastó un pinchazo en mi costado, cuando pasó Sergio, para que me estremeciera de pies a cabeza.


- ¡¿A donde?! - gritó uno de los amigos al verlo dirigirse a la puerta.


Sergio solo levantó su celular mostrándolo y recibió insultos por todos lados.


- ¡es tu despedida cabrón! - decían algunos - ven con la muchacha, disfruta antes de ponerte la soga al cuello - entre otras cosas.


Yo seguía mirándolo ya cuando todos regresaron a ver la chica. Y antes de cerrar la puerta al salir me hizo una seña moviendo la cabeza, que lo acompañara…

Di un sorbo grande a mi bebida y deje el vaso en una mesa. Me dirigí a la puerta y volteé a ver a los presentes, pero nadie notaría mi ausencia.

Salí del salón de eventos. Y cerré la puerta lo mas despacio que pude. Miré hacia todos lados y no lograba ver nada entre la oscuridad. Era un terreno bardeado con un cuarto grande al centro con ventanas pequeñas situadas a lo alto de las paredes, así no se lograba ver hacia adentro ni hacia afuera.

Con ayuda de una lámpara de alumbrado público en lo alto de un poste logré ver su silueta, a un extremo del terreno. Enseguida, su sombra se metió en la oscuridad, lo seguí. Extendí la mano al frente para no chocar con algo y golpearme, y sentí su áspero tacto en mis dedos. Me iba guiando al fondo del lugar y un choque de electricidad y nerviosismo me recorrió la espalda.

Llegamos al fondo, y una ligera luz nos iluminaba ligeramente. Nos miramos sin decir nada, Sergio alzó el vaso que llevaba en su mano y se tomó todo de un trago, después sólo escuché el plástico caer cerca de nosotros.


- Hugo… - sólo alcanzó a decir. Y me lancé a su pecho, rodeé su espalda con mis brazos y apreté la tela de su camisa, pegué mi cara a su pecho y suspiré. Se quedó sorprendido, pero inmediatamente respondió mi abrazo. Sobaba mi espalda y me sentía protegido entre sus brazos. Fui sintiendo como su calor me traspasaba y llenaba mi pecho. Susurré algo que no alcanzó a oír.

- ¿que dijiste? - preguntó.

- Te quiero - agaché la cabeza.


Sergio agarró mi cara y la levantó. Pero solamente me acarició. Volví a agacharme.


- ¿que pasa? - preguntó.

- Nada… - Contesté - ¡No! No es cierto. - dije enseguida, estaba cansado de decir que nada pasaba cuando en verdad tengo sentimientos que confesar - Si pasa.


Sergio se quedó mirándome extrañado. Continúe recordándole lo que habíamos pasado juntos, todas las veces en que él me buscaba pero a la vez se alejaba. No lo entendía. Yo buscaba una especie de cierra, saber que al día siguiente Sergio entregaría su vida en el altar a una persona pero que en el fondo tendría siempre un sentimiento hacia mi.

Se quedó callado unos segundos y ya estábamos a tres pasos de distancia uno del otro. “¿porque complicas algo que es tan fácil?

Fue cuando caí en la cuenta. Ya no complicaría mas las cosas, siendo algo tan sencillo de solucionar.

- Sergio ¿me quieres? - lo miré directo a los ojos. El siempre ha sido muy calmado, pero incluso en su serenidad, note que había perdido los estribos sin alterarse. Tardó en contestar pero antes que dijera algo volví a preguntar yo - ¿amas a tu futura esposa? - debí haber callado y haber aceptado la situación y marcharme de su vida, pero no, tal parece que me gusta sufrir.


De un solo paso llegó hasta mi. “Te voy a decir algo” nunca había sentido tanta dureza en su mirada “yo no quiero a nadie…”


- ¿como dices eso? - me sentí confundido.

- Así de fácil, si algo me gusta, trato de conseguirlo, si algo me ofrecen - sus manos me agarraron por la cintura - lo acepto… yo nunca te pedí nada Hugo, tu quisiste darme… - sentí una gran decepción con sus palabras - tu querías verga, te lanzabas por ella, ¡y como te gusta tragarla! Si no te acuerdas, tu fuiste el que me dijo que te la metiera, y te gusta - me hacía hacia atrás y el me seguía hablándome cada vez más cerca que sentía su respiración en mi cara - que te la meta una y otra vez, y no seas hipócrita que se que traes noviecito y aún así - agarró ni mano y la puso en su bulto que estaba crecido - la quieres dentro.


Me safé y quise irme pero me detuvo agarrándome de los brazos y lo que nunca hace Sergio… me beso… y tonto de mi… lo deje hacerlo. Su lengua de abrió camino en mi boca y mi tensión desapareció. Al separarnos vi que los ojos de Sergio miraban detrás de mí, giré y vi una figura alejarse con prisa.


- ¡Alberto! - grité y me fui detrás de él.

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Mensaje por hugdan0 » 26 Jun 2016 20:16

Respiro con profundidad mientras palpo mi pecho, siento ese nerviosismo de impaciencia. Estoy de frente a los invitados mirando por el largo pasillo donde llegará Rocío, y ante Dios, convertirse en mi esposa. Miro a los invitados, familiares y amigos, todos arreglados para la ocasión. Repaso las bancas una y otra vez con la mirada. Creí que no vendría, pero aquí está, a un lado de él, están sus padres, hago contacto visual con el señor, que es mi jefe, y asiente con su cabeza a manera de saludo.

Siento los nervios recorrer ni estómago otra vez, ese revoloteo de mariposas como el primer día de clases, primer día de trabajo… o la primera vez. Para mi esos tres, van de la mano en mi vida.


Lo recuerdo perfectamente, llegué a la prepa temprano, era una mañana fresca y caminé hacia el que sería mi salón, de mi lado derecho salones de clases y de mi izquierdo un área abierta con jardineras para luego topar con más salones, las instalaciones formaban una U de dos pisos.

Era mi último año de preparatoria, así que ya conocía casi a todas las caras que iban llegando. Algunas nuevas, pero una en particular, la maestra Griselda. Comenzó su clase de cálculo y de inmediato me atrapó con su plática. Era su tercer año dando clases ahí pero la primera vez conmigo. Nunca fui “burro” para la escuela, pero siempre distraído y juguetón, así que no era de extrañarse que al perder el hilo de la clase me fue yendo mal. Me acercaba a la maestra a final de la clase a revisar mis ejercicios y me hacía ver siempre con mucha amabilidad mis errores. Su mirada, su tacto cuando me daba palmadas me hacían sentir muy bien, de pronto, en clase me encontraba observándola con atención aunque no entendiera lo que explicaba. Varias veces me cacho viéndola fijamente y reaccionaba mirando hacia otro lado. Era una mujer que me parecía muy interesante y atractiva, tendría 38 años con un aspecto joven pero serio.

Ese semestre lo pasé a duras penas, pero después de las derivadas, vinieron las integrales, di gracias que me tocó la misma maestra Griselda, pero esta vez me fue peor, reprobé parciales y seguía sin entender.

Llegó semana santa y con ella los días libres, como era costumbre, los grupos hacían convivios antes de los días libres, nosotros decidimos por ir un día a un balneario. Jugando y chapoteando con los compañeros. Como la maestra Griselda era nuestra asesora de grupo, nos acompañó junto con unas cuantas mamás de compañeros.

Casi al finalizar la tarde, terminábamos de ducharnos y cambiarnos en los vestidores, como eran pocas regaderas lo hicimos por turnos y me tocó ser de los últimos. Platicábamos todos en voz alta para escucharnos pero poco a poco era menos ya que se iban saliendo los compañeros. Llegó el momento en que me encontré hablando solo, cerré el agua y pregunté si había alguien, pero nadie contestó. Abrí la puerta y me asomé, no había nadie, estiré la mano y ¡sorpresa! No estaba colgada mi toalla “ja… ja… que graciosos… no mamen! Heeey!” Grité un poco más pero nadie se asomaba. Me vi víctima de una broma pesada. Salí con cuidado de la regadera hacia el área donde estaban bancas y casilleros, me asomé pero no había nadie tampoco. Me quedé parado casi bufando del enojo, ¿porque se les había ocurrido hacer eso? Caminé hacia donde había dejado mis cosas y tampoco estaba mi mochila “¡cabrones!”

Caminé mirando por todos lados esperando encontrar mi mochila. Cuando de repente giré y frente a mi, parada un poco pasmada, mi maestra Griselda. Quedé paralizado también. “¡perdon!” Me dijo. Rápido me tapé el pito con las dos manos. Mi maestra siguió pasmada, y vi que traía mi mochila en su mano. “Disculpa, Sergio, pero es que vi correr a unos de los muchachos con tu mochila, en cuanto los vi la soltaron, y supuse que…”


- Si, lo hicieron como broma, como me quedé hasta el último - le dije.

- Que pesados - contestó - pero ¡van a ver! - estaba por irse cuando la interrumpí

- Maestra… - volteo nuevamente hacia mi.

- Mi ropa… esta en la mochila…

- ¡Claro! Que tonta - se acercó a mí con nerviosismo pero sin dejar de verme y extendió la mano con la mochila. Me deje solo una mano cubriéndome y la tomé, juraría que la maestra no la soltó por un segundo y nos quedamos quietos, luego se dio la vuelta y se fue.

- Maestra… - volteó otra vez, ahora yo tenía la mochila cubriendome - no les diga nada, me va a ir peor con la “carrilla”.


No volvimos a vernos hasta después de dos semanas que pasaron las vacaciones. Esa mañana retomamos las clases y me quedé más perdido que nunca.

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Mensaje por hugdan0 » 26 Jun 2016 20:21

Estábamos haciendo ejercicios y sólo veía como empezaban los compañeros a entregarlos. Me entró una desesperación y me acerqué a la maestra. Puse la hoja rayoneada en el escritorio y me preguntó la maestra en voz baja “¿que pasa Sergio?”

“No entiendo…”

“Ven, acercate” - me puse de cuclillas a un lado de ella y me comenzó a explicar, era la primera vez que la tenía tan cerca, pude oler su aroma, y más me llamó la atencion, comencé a ponerme nervioso y sólo asentía, ya no ponía atención a la explicación, sólo la veía mover sus labios, veía sus ojos grandes y oscuros y su cabello castaño agarrado en una cola.

Suspiré con decepción y dije “soy un pendejo…”

“No digas eso Sergio… sólo eres un poco… burrito…” - eso último lo dijo en un susurro cerca de mi oreja, se me estremeció la piel del cuello y un apretón de pierna de su mano delgada me dejó helado. La miré a los ojos y me dijo - “espera al final de la clase y nos ponemos de acuerdo para unas tutorías.


Así empecé a tomar clases particulares con mi maestra Griselda, fue un martes; pasó el miércoles y el jueves e iba poniéndome al corriente aunque batallando, me distraía su voz, su mirada, su piel que de veía suave. Y entonces llegó el viernes…


- Ya ves como si haz aprendido - me dijo la maestra poniendo su mano en mi antebrazo, ya no me paralice, porque tenía más confianza - sólo te faltaba práctica

- Gracias a usted - la mire a los ojos y sin parpadear mantenía la mirada - y no me ha dicho si me cobrará por las clases.

- No te preocupes - movió su mano acariciando mis vellos castaños claros - lo hago con gusto - término de acercarse a mi y no supe en que momento nuestros labios se unieron.


Mi corazón retumbaba y la sangre me hervía, tomé a mi maestra y la Levanté de la silla, la tocaba por todos lados, sus piernas, su cintura, sus pechos. No tenía experiencia más que fajes con alguna novia pero eso pintaba para algo más allá. Topamos contra una cómoda y la agarré levantándola para sentarla en ella. Me estremecía con su toque, me acariciaba la cara y mi pecho, aunque estaba por cumplir 18 y soy delgado, yo era mas alto que ella. Me quitó mi playera y la lanzó al suelo, intenté desabotonar su blusa y notó que se me dificultaba, “arrancala” y no me lo tuvo que repetir. Un par de botones salieron volando para enseguida caer la blusa celeste al suelo.

Me coloqué entres sus carnosos muslos y me desabrochó el pantalón, lo bajó y el bulto de mi verga se hacía notar. Se quedó mirando y sonrió “sabía que eras un burrito” dijo acariciando sobre la trusa blanca refiriéndose a los 19 cms de riata.

La desnudé con respecto rapidez y ella a mí, era mi primera vez, metí mi verga con calentura y miedo, ella me ayudaba y me decía si debía parar. Seguí dándole metidas con fuerza que la cómoda rechinaba y golpeteaba contra la pared. No tardé mucho en terminar dentro de ella. Me.recargue en su pecho jadeando y mi maestra me abrazó, saque mi verga larga y ahora flácida y mis mecos chorreaban de su conchita.
“Me falta enseñarte mucho…” dijo ella.


Mis “tutorías” duraron semanas, en las que aprendí de todo con mi maestra. Viéndonos por las tardes y en estos que podíamos. Pero sucedió algo, me enamoré. Mi maestra Griselda era casada, pero su marido estaba mucho tiempo fuera, incluso de viaje, eso nos facilitaba vernos. Pero lo inevitable llegó, la graduación. Esa noche tuve el mejor sexo de mi vida.

Yo no me había inscrito a la universidad, a pesar de que todo mundo me animaba, incluida mi maestra, no tenía un plan todavía, yo solo pensaba en pasar tiempo con ella. Pasaron las semanas y ya no había excusa para mis clases particulares. Una noche fui a buscarla a su casa, desesperado por verla, le llame incontables veces a su celular hasta que me contestó. Salió muy callada sin prender las luces, me decía que estaba loco, que su esposo estaba en casa. Yo solo la veía tan bella como siempre, en un camisón muy delgado, para mi casi transparente, “estas loca!” Le dije “porque andas vestida así?” . Me contestó enojada con lo obvio “estoy con mi marido, le doy lo que una esposa debe darle, porque lo quiero”. Me dio mucha rabia, casi grito, pero me calmó diciendo que buscaría una solución para vernos. Pasó el tiempo y se mantenía comunicada conmigo por teléfono.

Terminó convenciendo a su marido para que me diera trabajo en la compañía donde él labora, dhl. Mi primer trabajo.

Después de tiempo nos distanciamos, yo seguía sintiendo amor por ella, me daba tantos celos el no estar ahí, entre mis rutas de entrega daba vueltas por su casa, y en una ocasión vi salir a un muchacho de su casa, al parecer había empezado a dar tutorías otra vez. Toqué su puerta con fuerza, abrió para encontrarme con mi uniforme de trabajo, “que haces aquí?!” Me preguntó sorprendida, “explícame tú que hacia ese güey aquí?” Hablando del muchacho con uniforme de la preparatoria donde yo iba.

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Mensaje por hugdan0 » 26 Jun 2016 20:28

Su cara de desagrado, era la primera vez que la veía, “Sergio, entiende lo, ya nos divertimos, me gustó, pero hay que seguir adelante”

- ¿fue sólo eso? Un rato de diversión. Yo te amo.

- ¡por supuesto sólo era diversion! Sergio por favor, lo nuestro no era amor, el amor es cosa de novelas.

- ¿que no se casó con su esposo por amor?

- Sergio - siguió hablando y me acarició la cara - mi última enseñanza será esta. Si quieres algo, consigue lo, yo me casé porque sabía me darían una buena vida, la diversión la obtengo de otros lados, con quien quiero, cuando quiero. Eres joven, guapo, y tienes un buen trozo “mi burrito”. Diviertete, haz feliz a más de una…


De ahí en adelante me convencí en que tomaría las oportunidades que se me presentaran. Pero fue difícil, aunque salía con muchachas que me gustaban, no era tan fácil “divertirse”. Ellas buscaban más, algo que yo ya no quería dar.

Y entonces llegó él. A él si le gusta divertirse, nunca pensé sentir esto por otro hombre. Me da lo que quiero, aunque a veces le da por sentir “algo más”, ¿esta mal volver a sentir eso? No lo sé, yo debería casarme, hacer mi familia y si se presenta, divertirme.

De repente, dejo de soñar despierto, sigo parado esperando inicie la ceremonia. Vuelvo a mirar a aquel muchacho que me ha enseña… y “me cae el veinte”... he vivido en base a las enseñanzas de mi maestra Griselda, pero tengo la oportunidad de aprender nuevas cosas con otro maestro, una manera distinta. Veo a Hugo sentado en la banca, rodeado de gente y pienso “voltea… voltea… voltea… ¡VOLTEA!”

Nuestras miradas se encontraron, se me sale el corazón y le hago señas que se acerque, no responde, le indicó con la cabeza que me siga a otro lado, me dice que no, saco el aire en decepción y niego con la cabeza y camino hacia la puerta más próxima.

Entro en una pequeña capilla de un santo al cual no reconozco, la única luz es la de las velas iluminándolo y la poca que deja entrar un vitral. ¿que hago? Esa pregunta se repite en mi cabeza. Detrás de mí se abre la puerta, volteo y veo a Hugo cerrarla detrás de él. “¿Que te pasa?” No contesto pero me acerco a él con rapidez, lo agarro de la cara y lo beso… “te quiero” le digo.

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*~SeXbOy~*
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Mensaje por *~SeXbOy~* » 28 Jun 2016 08:05

Que bueno se está poniendo el relato, redactas muy bien.
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marin
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Mensaje por marin » 30 Jun 2016 22:10

Hugo, estoy saboreando esta hermosa publicación que subes al foro, continuación de tu relato ''Un metro de verga'' hoy a través de las avocaciones que hacen tus amantes de los cuales nos has narrado y has captado nuestro interés como es el caso en este momento que Sergio desde su óptica nos narra de manera clara la relación amorosa que tiene contigo. Hugo observo un giro muy notorio en tus nuevas publicaciones, ese sesgo que le das de aquellos momentos con cada uno de tus amantes pero ahora desde el punto de vista de ellos con lo que permites se complemente tu escrito original y que original valga la redundancia esta nueva forma de escribir, se te nota de tu escrito inicial una madurez en tu escritura, desenvoltura en la prosa, para bien, supongo lo harás con todos los que te metieron parte de ese metro de verga en tu excelente relato, gracias por compartirlo.

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