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El hombre de la playa.

#1
 Siempre me ha movido el despecho al mantener las relaciones más esporádicas que he tenido, sea por rencor o por sacarme a alguien rápido de la cabeza. Eso me ha llevao a situaciones en las que luego me he sentido incómodo o incluso culpable, pero esta vez me llevó a conocer a un hombre del que jamás pensé que me pudiera enamorar casi de inmediato. 


Era verano de hace un par de años y acababa de terminar una relación de aproximadamente año y medio con un chico por el que incluso había abandonado mi ciudad natal, Madrid, para marcharme a Alicante. Al romper con él es cierto que mi mundo se desmoronaba por completo pues había asentado todo mi entorno tendiendo en cuenta su trabajo y no el mío. Así que me encontraba desubicado y despechado por la ruptura y decidí darme un baño en la playa para poder despejarme de alguna manera. Hubiera sido un día normal en las dunas de no ser porque el día estaba ciertamente nublado y por haber bastante menos gente de la habitual. De entre los que estábamos, me resultó curiosa una pareja a unos 20 metros que simplemente estaban tomando el sol pero que no se dirigían ni una sola palabra. Él era muy moreno de piel, de pelo castaño muy espeso y ojos claros además de una frondosa barba lo que le hacía bastante atractivo. Era fuerte pero no de gimnasio, digamos que tenía una buena complexión, ancho y alto.


Nuestras miradas se cruzaron al entrar al agua, primero a los ojos y luego pude apreciar como su mirada se desviaba a mi bañador, minúsculo a propósito y que había hecho que marcara mi polla torcida hacía la derecha por encima de mis huevos. No me corté un pelo, le guiñé el ojo y me metí en el agua. Pude apreciar que no me quitaba el ojo encima lo cual hizo que me pusiera muy cachondo y empezara a fantasear con él. Así que cuando había poca gente caminando decidí salir con una erección tremenda del agua en dirección a él. Pude ver cómo me miraba fijamente y como bajaba la mirada hacía mi polla, así que para rematar la jugada, decidí quitarme el bañador y ponerme boca abajo en la toalla para que pudiera fantasear también con mi culo. Debí quedarme durmiendo un buen rato pues cuando desperté no estaba ni él ni prácticamente nadie en la playa.


No podía quitármelo de la cabeza, así que al día siguiente fui a la misma zona y a la misma zona, pero no había ni rastro de ese hombre. Decidí quedarme tomando el sol un rato y darme un baño. Al salir del agua seguía sin rastro de él, quizás se conformaba con mirar pero tenía miedo de dar el paso, no lo se. Así que me tumbé de nuevo a tomar el sol y me quedó de nuevo durmiendo un buen rato. Al despertar había alguien a mi lado y me asusté.


- Tranquilo, no te voy a comer. Dijo él sonriendo y mirándome de arriba a abajo.
- No me vas a comer? Quizás yo si.
- Ah si? te va bien ahora o quieres seguir aquí. Contestó él mientras pasaba su mano por mi caliente espalda.
- Vámonos a donde quieras, cómo te llamas?
- Raúl, encantado tío.


Nos levantamos juntos y nos fuimos por la pinada dirección a los coches, él me ayudó con la mochila y yo me acerqué a su mejilla para darle las gracias susurrando a su oido mientras rozaba su muslo con la mano.

- Sabes qué, quiero hacerlo aquí mismo. Me dijo Raúl a medio camino por la pinada mientras se rozaba el paquete con la mano libre.
- Yo tampoco quiero esperar más. Respondí.


Tomamos una salida del camino de madera y nos adentramos en el espesor de la pinada buscando un sitio lo más íntimo posible, aunque me encantaba que me miraran no era el momento, no conocía la zona. Así que llegado a un lugar arropado por los árboles de sombra completa en la que nadie nos iba a descubrir. Tiré las cosas al suelo y me lancé a su boca pegando todo mi cuerpo contra el suyo. Yo estaba ya empalmado y restregaba mi paquete por su muslo desnudo a la vez que acariciaba su estómago con las manos y lamía con la lengua su boca. El me devolvía el beso húmedo y empezó a morderme el cuello. Si, morderme de forma literal, a lo que me acompañó con unas palabras a mi oído.
- Quiero follarte fuerte, soy muy cañero. Dijo cogiendo con las manos mi culo y abriéndolo hasta levantarme en peso.


Yo le abracé con mis piernas y dejé expuesto el interior de mi trasero que él había empezado a rozar con la polla erecta dentro aún del bañador. Subía y bajaba sus caderas penetrándome sin penetrarme, manteniendo todo mi peso y frotando de forma animal su paquete contra mi. Me dejó caer y empujó mis hombros con las manos hasta obligarme a ponerme de rodillas con mi cara justamente a la altura de su rabo. Ardía por descubrir que escondía aquel trozo de tela azul. Se bajó el bañador dejando ver su enorme polla y agarró mi cara con la mano obligándome a abrirla con sus dos dedos. Los mordí instintivamente a lo que él reaccionó gimiendo y teniendo una inyección de sangre en su polla, que ahora parecía incluso más dura. Tenía un gran rabo, del mismo tono que el resto de su piel, dejaba asomar el capullo un par de centímetros y era bastante ancho. Me dió un pequeña bofetada con la otra mano y cogió su polla obligándome a tragarmela entera. Estaba tan caliente que su rabo hacía hervir mi boca y además tenía un sabor a polla que me excitaba mucho. No quería ni respirar, sólo me importaba meter y sacar su polla de mi boca. Me provocó una arcada y la saqué empapada por mi saliva y aproveché para tomar el mando y agarrarla apretando con el puño y lamiendo su capullo con la lengua. Miré hacia arriba y vi cómo se preparaba para escupirme en la boca pero la aparté porque no quería del todo entrar en su juego. Noté un gesto de rabia en su cara, pero quería marcar mis normas aunque en realidad fuese todo fachada. Me levanté decidido y me puse de espaldas a él, apretando de nuevo mi culo contra su polla. Giré la cabeza buscando su boca y al encontrarla mordí su labio de forma instintiva. Me abrazó como nadie me había abrazado hasta ese momento y podía notar como su corazón latía y como su pecho ardía. Metió la mano en mi bañador y agarró mis cojones, yo me lo bajé rápidamente pero paró en seco agarrándome con fuerza.


- No vayas tan rápido amigo. Me dijo al oido.


Flexionó poco a poco sus rodillas obligando también a bajar mi cuerpo y a tomar contacto con la arena. Me besó la nuca una vez más y fué bajando poco a poco la lengua por mi sudada espalda. Me puse a 4 patas al ritmo que él bajaba por mi cuerpo con su lengua exponiendo mi culo. Con una mano retiró ligeramente mi bañador hasta dejar al descubierto la mitad de ano. Metió su lengua y lo saboreó en círculos a la vez que se ayudaba de los dedos para dilatarme. Estaba totalmente entregado por lo que no tardó demasiado en meter sus dos dedos en mi.


- Fóllame ya, hazlo de una vez. Dije rogando.
- Ok.


Escupió sobre su polla, me abrió con sus manos y la metió empujando de golpe. No pude contener un grito, dolía demasiado. Tuve que apretar mis manos contra su abdomen para que parara pero él no paró del todo, solo dejó de meterla entera introduciendo en mi solamente el capullo. Me agarró del pelo y su siguiente embestida fue completa, me desplazó del sitio casi haciéndome perder el equilibrio. Grité de nuevo, pero el dolor había dado paso a un placer tan extremo que me mordí los labios y apreté mi cara contra la mochila para ahogar los gemidos. Él lo entendió como un si, y volvió a acelerar el ritmo. La metía entera y tan fuerte que el choque de sus caderas empapaba con su sudor toda mi espalda. Me levanté sobre mis brazos y busqué su cara con los ojos entre cerrados, tenía la lengua fuera y la cara empapada de sudor. Fue en aquel instante cuando me di cuenta de lo guapo que era, tenía algunas arrugas en los ojos y bastantes canas sobre las orejas, lo amaba sin apenas conocerlo.


Sacó su polla de mi, se levantó y me ayudó a incorporarme y mientras me bajaba rápidamente el bañador me tomó nuevamente en peso. Apoyó mi espalda contra un árbol y pasó mis piernas sobre sus hombros. Si quería alguna escapatoria la había dejado pasar, ahora si que estaba totalmente bajo su control. Apretó su polla contra mi ano abierto y entró sin ayuda de su mano para acto seguido continuar con las embestidas. Eran igualmente fuertes, y para aliviar tanto placer abría mi boca que encontraba esporádicamente su lengua. Empezó a pajearme pero apenas me hicieron falta un par de minutos para correrme irremediablemente. Mi leche empapó su pecho y su barba. Él continuó con el ritmo mientras poco a poco hinchaba su cuello mirando al cielo y tensando sus músculos. En una de esas embestidas se quedó dentro de mí subiendo todo lo que pudo mi peso con su polla y noté como se corría dentro. No gimió, solo resoplaba de forma entrecortada.


- Me has destrozado cabrón.
- Lo siento pero lo necesitaba, te he hecho mucho daño? Me dijo apretando su mejilla contra la mía y buscando de alguna manera mi perdón.
- Aun no. Dije mientras sonreía.


Me ayudó a bajar y se agachó para limpiar los restos de su semen con su camiseta pero salían generosamente de mi resbalaba por el interior de mi muslo. Al terminar terminar se incorporó y me besó apretando su cuerpo contra el mío y buscando por última vez mi calor. 


- Adios tío, ha sido alucinante. Me dijo mientras se marchaba sin esperar réplica alguna por mi parte.

El hombre de la playa.

#6
Quise ir detrás de él pero tenía miedo de cómo podía reaccionar, de cómo me haría sentir si me rechazaba después de aquel polvo salvaje, no se, estaba hecho un lío. Me subí al coche buscándolo desesperadamente, pero no había ni rastro de él. Volví a casa y agradecí que estuviera vacía, Juán aún tenía cosas que llevarse y la incertidumbre de no saber cuándo aparecería por la puerta o si estaría allí, se me hacía insoportable. Me dí un baño, largo. Lavé mi cuerpo con cuidado pues aún tenía un dolor latente en mi interior. Sentía el vacío de su polla, de su boca, de su pecho apretado contra el mío. No pude evitar empalmarme recordando lo que me había hecho, así que me mansturbé. Probé a jugar con mi ano pero era aún algo incómodo así que me conformé con sacudir mi rabo mientras metía los dedos en mi boca, tal y como él había hecho.

Juán apareció pasadas las 20:00, no aguantaba estar en el mismo espacio que él. Me saludó, quizás por compromiso o quizás porque le apetecía, me daba igual. La relación llevaba unos meses bastante deteriorada, casi nada de qué hablar ni tampoco ganas de tocarnos, tenía que pasar tarde o temprano. El sexo con Juán siempre fué muy normal, placentero pues sabía donde tocar y sus mamadas estaban bien, pero después de aquel polvo en la playa sentía que había estado perdiendo el tiempo. Recogió un par de cosas y me amenazó con volver, no era una amenaza realmente pero así sonaba en mi cabeza.

Las horas que pasaron hasta la tarde del día siguiente no tenían sentido para mi, solo quería dejar que pasara el tiempo para poder volver a aquella playa. Al llegar había mucha gente, pero ni rastro de Raúl. Decidí ir a correr para ver si de alguna forma podía haber cambiado de lugar, si me topaba con él por casualidad pero no hubo manera. Pasé de largo por donde follamos, esperando que él estuviera allí esperándome pero no había nadie. Quise entrever marcas en la arena y reviví mentalmente el momento en que las dejamos allí, eso hizo que me empalmara, pero Raúl no estaba. Al día siguiente me fue imposible acudir a donde nos conocimos, por lo que los pensamientos de que quizás él me estuviera esperando atormentaron mi cabeza durante todo el día.

Era sábado, aunque no tenía ninguna esperanza dejé el coche en el aparcamiento de la pinada, exactamente como lo había hecho los últimos 3 días. Había bastante gente pero todos los coches estaban vacíos. Escuché el claxon de un coche gris aparcado a unos 50 metros, me dirigí hacía allí. Raúl estaba en el interior con la puerta del conductor abierta, al acercarme y mirarle me dijo.

- Subes por favor?
- Donde quieres ir? Le pregunté intranquilo.
- Sube por favor y hablamos. Me pidió de forma insistente.

Me palpitaba el pecho, subir a aquel coche era lo que más había deseado en mi vida, así que subí. Cogió mi mano, la besó y me dió las gracias. Arrancó y salió del parking de forma brusca, era salvaje también al volante. Llevaba puesta una camiseta azul celeste y un bañador muy corto de color negro que debaja ver sus fuertes muslos cubiertos de vello. Me miró observando que tenía la vista clavada en él y sonrió.

- Tío disculpame por irme así el otro día, pero no sabía muy bien qué decir y prefería largarme.
- No te preocupes, no fue para tanto…
- No en serio, y si te hice un poco de daño también disculpame pero soy así y además hacía tiempo que no lo hacía. Dijo pasándose la mano por el pelo algo nervioso.
- Me encantó como follaste, no tienes que disculparte por lo que hiciste, solo volver a hacerlo. Y acto seguido metí mi mano por la pernera de su bañador.

Su polla incluso flácida ocupaba toda mi mano, estaba ya casi tan caliente como aquel día y poco a poco noté como crecía. Él me miró un instante y me lanzó un beso justo antes de acomodarse en el sillón de su coche y abrir sus piernas dejándome hacer con su miembro lo que quisiera. No tardó en asomar por la pernera del bañador, estaba apunto de reventarlo. Dió un volantazo y salió a una especie de área de descanso cubierta de árboles en la que no había nadie. Aparcó el coche en el último lugar posible, el más escondido. Bloqueó con su mano la mía que aun estaba dentro de su bañador y con la otra cogió mi nuca para acercar mi boca a la suya. Me lamió los labios, los besó, sacó su lengua y la introdujo en mi boca con la misma fuerza que me había follado hacía un par de días. Yo había dejado de masajear su polla y tocada su pelo a la par que le agarraba los mechones para apretarlo contra mi. Me escupió en la boca, me volvió a escupir y la saliva corría por mi cuello empapando mi camiseta. Me lancé a su polla, podía oler y recuperar ese sabor que me había vuelto loco en la playa, me la tragué entera. Me la saqué y metí durante unos segundo pero no tardó en querer recuperar el control de su rabo. Presionó con su mano mi cabeza para obligarme a bajar todo lo posible mientras elevaba sus caderas con sus fuertes piernas. Sus muslos se hincharon y me tuve que aferrar a ellos para intentar escapar. No quería escapar, solo poder respirar lo justo para seguir chupando su polla. Me liberé y giré mi cabeza para besar su abdomen, que para entonces ya empezaba a estar sudado. Él bajó su bañador y liberó el resto de su paquete dejando ver unos cojones enormes que estaban duros y completamente pegados a su polla, estaba excitado al máximo. Lamí con la lengua su capullo a la par que metía mi mano bajo sus huevos para sostenerlos. Con el dedo apuntaba hacia la entrada de su ano lo que hizo que se sentara más rígido y su polla tuviera un espasmo. Él hizo lo propio y previo lamerse dos dedos los llevó hasta mi culo buscando que lo abriera lo antes posible. No opuse resistencia, me los metió y note como forzaba para abrirlos dentro de mi. Grité de placer y con mi boca contra su vello púbico le rogué que me follara de nuevo. Echó hacia atrás mi asiento y me puso contra el de manera que hubiera el suficiente hueco para colocarse encima de mi. Me recosté ligeramente para que pudiera acceder a mi culo y con la lubricación de la mamada que le acaba de hacer me la metió de nuevo. Empezó a embestirme como un animal al tiempo que dejaba caer todo su peso sobre mi. Sentía con una punzada de dolor cada centímetro de su polla que entraba en mi, seguido de cierto alivio cuando la sacaba levemente para volverla a meter. Mi ano estaba completamente tenso y me forzaba para cerrarlo y que así me siguiera doliendo. Su polla ardía dentro de mi y clavaba mis manos en su fuerte espalda para devolverle de alguna manera lo que me estaba haciendo.

Abrió la puerta y salió de mi y también del coche. Me cogió por el cuello para ponerme boca abajo sobre el asiento dejando mi culo de nuevo completamente expuesto. Sentía que lo más duro estaba por llegar y mordí el asiento mientras él me penetraba de nuevo. Ahogué el grito contra el asiento de su coche, ese coche que seguramente cuidaba cada día y que adoraba al ver lo limpio que estaba, me excitaba muchísimo que me estuviera follando en el. Me dió tal embestida que me desplacé dentro del coche quedándome medio recostado. Le miré a la cara y tenía todo el pelo completamente despeinado y jadeaba con la boca abierta. Me cogió de la mano para sacarme hacía afuera y recostado aun de lado me abrió una pierna para seguir follándome. Me empecé a manstubar compulsivamente y no tardé en correrme sobre la tapicería de su coche. Deseaba que tras haberme corrido él hiciera lo mismo y terminara dentro pero no lo hizo de inmediato. Siguió destrozando por dentro mi cuerpo unos minutos más hasta que me volvió a levantar de un tirón fuerte de mi muñeca. Me levantó en peso apoyando su espalda sobre el exterior del coche. Me sentí obligado por sus manos a abrir mis piernas y apoyarlas también sobre el coche mientras él hacía que subiera y bajara con sus manos.

- Quiero verte la cara mientras me corro dentro de ti.

Aceleró el ritmo, yo estaba como en trance y ahogué mis gemidos contra su cara mientras él tensaba todo su cuerpo y daba las últimas sacudidas. Me elevaba sobre su cuerpo como si no pesara, no oponía resistencia, no podía pero tampoco quería. Estaba agotado y no tenía más energía que para acurrucarme sobre su hombro. Abría al elevarme mi culo buscando llegar hasta el fondo, un fondo que no existía pues ya se lo había entregado todo, pero parecía insaciable. Las venas de su cuello estaban hinchadas, tensó los músculos y mantuvo dentro de mi su polla sin sacarla. El calor de su semen impregnó mi interior caliente y resbaladizo hidratando todo lo que había dejado en carne viva con su polla. Bajó mis piernas mientras sacaba su polla y me abrazaba para besarme de forma esta vez más cariñosa. Solo nos separaba su rabo que había quedado hacia arriba aun erecto contra mi abdomen, el resto de nuestros cuerpos estaban unidos, me sentía suyo.

- Estás bien tio? Me dijo con la frente apoyada en mi pecho.
- Si, ha estado bestial pero por favor llévame a casa.
- No quieres que te lleve hasta el coche? Me dijo acariciando mi cara.
- No, llévame mejor a casa por favor.
- Bueno, como quieras pero de verdad que no tengo prisa. Venga vamos ahora mandas tú. Me dijo con un último beso.

Con cara de preocupación se recompuso y me metió en el coche para seguir mis indicaciones y llegar hasta mi casa. Aparcó como pudo y me acompañó hasta arriba mientras me abrazaba una vez dentro del ascensor. Al entrar en el piso le cogí la mano y le miré a los ojos.

- Quédate si quieres, haz conmigo lo que te apetezca pero por favor tio no desaparezcas así como la otra vez por favor. Le dije cogiendo sus manos y llevándolas a mi pecho.
- No podría aunque quisiera, nene. Dijo cerrando la puerta.

El hombre de la playa.

#10
El verlo allí, en mi casa, invadiendo mi espacio y conociendo lo que para mi era cotidiano, lo hacía parecer más tierno. Hasta ahora había sido una ilusión, alguien que había entrado en mi vida pero que realmente no conocía, solo su forma de follarme. Sonreía todo el tiempo y me miraba buscando complicidad con cada detalle que le parecía curioso de mi. Le encantaba al parecer cualquier elemento de la domótica del piso, se le iluminaba la cara como a un niño y le hacía parecer 10 años más joven. Debía tener unos 38 o 40 años, yo había cumplido los 27 hacía un mes, el timing me parecía adecuado. Me descubría a mi mismo absorto en él, como si fuese un juguete nuevo. Bebía agua como si fuese un animal desesperado por haberla encontrado, derramándose parte de ella encima, era cómico de una forma entrañable. Cada detalle, cada mueca, la forma atolondrada de coger las cosas, todos y cada uno de sus gestos me hacían enamorarme cada vez más de él.


Decidí sentarme para mirarle aunque lo cierto es que después de la última sesión de sexo necesitaba urgentemente una ducha.


- Oye, cómo te llamas? - Me preguntó mientras se sentaba echado hacía delante sobre la mesa que estaba en frente del sofá.
- Diego, tengo 27 años, soy de Madrid y con el premio quiero tapar agujeros y hacer un viaje. - Le contesté mientras sonreía y me mordía un poco el labio. No quería seducirle, bueno si, pero era una manía que tengo desde hace años.
- Encantado Diego, yo tengo ya 41 y dentro de 3 meses haré los 42, todavía no me lo termino de creer. - Miró hacía abajo como nervioso o avergonzado. - Pero bueno no me siento mayor, mírame las locuras que hago aun. - Continuó ladeando la cabeza y mirándome a los ojos.
- Pareces más jóven, pero igualmente soy muy malo para estas cosas así que hubiera perdido el concurso. - Le dije apoyándome sobre las manos y echándome hacía adelante.
- Tío, no consigo adivinar lo que se te pasa ahora mismo por la cabeza, me daba miedo que no quisieras subir al coche pero mira ahora donde estoy. - Se frotó los muslos con las manos y las cruzó por encima de su entrepierna.
- Me gustas, me flipas en realidad, Raúl. -
- Te lo vi en la cara la primera vez que nos cruzamos, pero me daba miedo que no quisieras volver a verme. - Dijo arqueando las cejas con una leve cara de angustia.
- Si no quisiera verte no te habría buscado estos últimos dos días.- Le dije rozando con mis dedos su cara.
- Pobrecillo, me buscastes estos días en la playa verdad? -
- Si, en realidad me recorrí toda la costa para ver si te encontraba de nuevo. - Le contesté mirándole fijamente a la cara. 


Él se apoyó en la mesa con las manos y bajó sus rodillas hasta que tocaron el suelo quedando erguido frente a mi cara. Abrí mis piernas y lo acogí entre ellas mientras avanzada de rodillas para besarme. Agarró mi pelo y torció mi cabeza para que mi boca encajara exactamente con la suya. Frotaba profundamente con su lengua la mía mientras alternaba la posición para que ningún resquicio de mi boca quedara vacío de la suya. Apoyé mis manos sobre su barba y tiré de ella para arrastrarlo hacía a mi dejando que me cayera todo su peso encima. Alzó el brazo para apoyarlo en el respaldo del sofá, lo que me permitió poder oler su axila, era un olor fuerte, me encantaba, la besé. Le quité la camiseta y al hacerlo apoyé mis dos manos sobre su pecho intentando apartarlo un par de segundos de mi. Solo quería mirarle brevemente allí de rodillas frente a mi, en mi casa, dispuesto a cualquier cosa. Sus pezones eran grandes y rosados, me lancé a lamerlos. Me sentía como un niño arropado entre sus fuertes brazos y su pecho mientras el vello me hacia cosquillas en la cara. Los apretaba con mis labios buscando exprimir su placer y me deje llevar hasta el punto de morderlos. Dió un pequeño salto pero me demostró su aprecio pasando su mano por mi espalda y obligándome a apretar mi boca contra su generoso pecho. Lo lamí, cambié al otro pectoral y volví al mismo del principio que para entonces ya estaba algo frío pero igualmente erecto. Pasé mi mano por su espalda deslizandola con algo de dificultad quizás debido a todo el sudor acumulado del polvo dentro del coche. Buscaba el límite de su bañador y al encontrarlo introduje mi mano en su interior marcando la línea que dividía su culo y alcanzando con la punta de los dedos su ano. Era suave y podía notar como oponía resistencia intentando cerrarlo. Apretó su cara contra la mía abriendo todo lo posible la boca y emitiendo un fuerte gemido al mismo tiempo que lograba penetrar su ano con mis dedos. Al intentar sacarlos levemente para volver a meterlos me agarró la mano con fuerza y tiró de ella evitando una segunda penetración. Le miré fijamente a la casa con semblante serio y el me lo devolvió sin soltar mi mano. Sonreí levemente buscando restarle algo de peso al asunto e intenté que me soltara, pero no lo hizo. Le empujé con el hombro pues era con lo único que podía hacer algo más de resistencia pero él permaneció inmovil. Me superaba en fuerza física, era evidente, pero lo que me preocupaba es que en el fondo no sabía a quien había dejado entrar en mi casa. Me obligó con sus brazos a abrirlos y poco a poco subió por el sofá hasta quedar sobre mi mientras seguía sin soltar mis brazos. Me aguantaba la mirada mientras subía mis manos todo lo posible alejándolas de él. Yo sentía su peso sobre el mío, sus muslos rozaban mis caderas y hacían de su cuerpo mi prisión. Mi erección en aquel momento era tan fuerte que me dolía. Empujé con todas mis fuerzas mis caderas hacia arriba, chocando con su cuerpo y haciendo que se elevara. Lo hice una segunda vez y la mantuve en alto tomando contacto la punta de mi polla contra su culo. 


- Eres un hijo de puta. - Me susurró al oido.


Soltó mis manos para aferrarse a mi cara y comerme la boca mientras dejaba caer su peso sobre mi. Era contradictorio, pero el muy cabrón alineó su culo con mi polla haciendo que sus huevos descansaran sobre mi abdomen. Con su trasero receptivo y todo el peso de aquel hombre sobre mi, empecé a frotar mi paquete contra su culo. Ambos teníamos la ropa puesta y la fricción despedía un calor insoportable, notaba como mi polla ardía, pero la suya también. Movía sus caderas frotando de forma intensa su culo contra mi polla, que había humedecido por completo la parte de tela que rozaba con el bañador. Ladeaba sus caderas mientras frotaba intensamente su cuerpo contra el mío, presionando al mismo tiempo su polla contra mi estómago. Bajé mis manos por su espalda agarrando su culo y obligando a abrirlo y cuando intenté de nuevo bajarle el pantalón para terminar de excitarlo se levantó y se puso de pié frente a mi. Sacó su polla bajando hasta las rodillas el bañador y me pasó la punta por mi boca jugando con mis labios. Yo saque la lengua para lamerla y conseguí dejar al descubierto su enorme capullo. Me obligó a meterla en la boca agarrando mi nuca con una mano y cerrando el otro puño sobre mi flequillo. No oponía resistencia, dejaba que su polla llenara mi boca. Sus cojones quedaban a la altura de mi barbilla y agarré la base de su rabo con la mano para así intentar sacarla de mi boca y poder lamerle las pelotas. Las rodeaba con mi lengua y apretaba mi cara sintiendo el calor de su erección. Las cogí con una mano para acariciarlas bajando poco a poco de nuevo hasta encontrar su ano con la punta de mis dedos. Empezó a masturbarse con fuerza mientras dejaba que mis caricias penetraran en él al tiempo que seguía apretando sus cojones contra mi cara. Notaba como su ano se cerraba con mis dedos dentro como si de alguna manera se negara a que esto estuviera pasando pero era evidente que le gustaba. Tanto, que noté como sus cojones se encogían y como volvía a cerrar su ano por lo que apreté con fuerza para llegar lo más dentro de él posible al tiempo que empezaba a correrse. Le comí los huevos justo antes del primer borbotón de lefa que salió disparado hacía arriba mientras él tensaba su mano apretando su polla. La subió y bajó ayudando a que el resto de su leche brotara hasta rodear su capullo y hacer que goteara sobre mi cara. Jadeaba de forma constante y con los ojos cerrados mientras exprimía las últimas gotas de su erección al tiempo que bajaba la mirada y se dejaba caer. Se apoyó sobre mi haciéndome algo de daño pues mi polla aún seguía erecta mientras me miraba a la cara.


- Tío, nunca me han follado y no se si quiero, sabes? - Se pasó el dorso de la mano por la frente. - No se cómo explicarlo pero no me sentía cómodo, quizás con el tiempo. - 
- Joder pues a mi hoy no me has dado opción. -
- Ya bueno pero es diferente, tú eres más así, no? Además casi me lo rogaste el primer día tio, estabas deseando que te follara desde que me vistes en la playa. -
- A qué te refieres con que soy más así? - Le contesté frunciendo el ceño.
- Joder más marica o como lo quieras llamar, no pasa nada tio a mi me gustas. -
- Vale, vamos a dejarlo por hoy, te parece? Quiero darme una ducha y descansar un poco. - Mañana me esperaba un día de estar encerrado en casa pero quería mostrarle mi cabreo.
- Oye pero no te pongas así, pensaba que estaba claro no se. Por favor no te cabrees, te dejo en paz si quieres pero no hagas que me vaya así. - 
- Tranquilo, todo está bien de verdad, no pasa nada. - No sabía como sentirme en aquel momento, por un lado estaba más que claro que lo único que quería ahora en este mundo es que me penetrara con todas sus fuerzas. Pero precisamente por ese compromiso tan desigual, podría haberme dejado llegar algo más lejos. - De verdad que todo está bien, no estoy cabreado, cómo te lo demuestro? - 
- Bésame y dame tu número, aunque ya se tu dirección que es mejor que tu número. - 
- Para nada tio, ya verás lo divertido que es soy por teléfono. - Le contesté.
- Jajaja, como seas de los que envían 30 mensajes para decir un párrafo te hago la cruz. - Dijo mientras me dejaba su móvil para que apuntara mi teléfono en los contactos.
- Oye, vamos hablando vale? Te acompaño? O sabes bajar solo a la calle? - 
- Sabes lo que se hacer solo? Volver a verte. - Me dió un beso en la mejilla a la vez que rozaba mi mano para despedirse y salir al pasillo.


Su rabo aun estaba algo erecto y palpitaba en el bañador que se había subido a todo velocidad por lo que le quedaba algo torcido. Me polla aun estaba dura pese a la pequeña discusión y tenía unas ganas terribles de eyacular todo el morbo acumulado. Metí mi mano en el bañador para menearmela al tiempo que le miraba a la cara. Me hizo un gesto con la mano como de padre que amenaza a su hijo con un azote cuando se porta mal y sin perder la sonrisa de la cara se marchó. Cerré la puerta al tiempo que me apoyaba en ella para terminar de masturbarme. La casa olía a él.
 
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