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Dos hombres casados y el Crossfit

#1
Buenos días.
Me podéis llamar Leo. He venido a contaros una historia sobre algo que pasó hace años. Yo en aquel entonces tenía 28 años y estaba recién casado con una chica que llevaba años siendo mi novia. Me apunté a Crossfit para ponerme en forma, y allí conocí al instructor, un tipo llamado Luis que también estaba casado.
Pero... estar casados no fue suficiente para frenar nuestros instintos.

Dejad que os lo cuente desde el principio.

Parte 1

Descubrí que era gay cuando apenas era adolescente. Pero desgraciadamene para mí, crecí en un ambiente bastante homófobo, con un padre muy conservador que tenía grandes expectativas en mí, su único hijo, y una madre que solo se preocupaba por los cuchicheos del pueblo y por aparentar que éramos la familia perfecta.
Siendo así, siempre supe que salir del armario no era una opción para mí. Por eso mismo, me escondí durante largos años. En el instituto fue más fácil, yo era un chico tímido así que a nadie le asombraba que no tuviera novia. En la universidad mientras estudiaba la carrera, decía que estaba demasiado concentrado en mis estudios como para pensar en chicas, y de esta forma a nadie le preocupó tampoco que nunca tuviera novia. No obstante, cuando cumplí 24 años sucedió algo.

Estábamos celebrando en casa al mismo tiempo mi doctorado y mi cumpleaños, habíamos invitado a familiares cercanos. Mi madre y su hermana siempre se han odiado, fingen llevarse bien, pero compiten en todo. Mi tía también tiene un hijo, mayor que yo, y vino a aquella fiesta con su prometida.
"Tu hijo nunca ha tenido novia, ¿no?" Le preguntó mi tía a mi madre para hacerla rabiar "A ver si va a ser maricón..."
Me puse rojo como un tomate, ignoré el comentario y fingí que estaba centrado en la tarta para no tener que responder. Mi madre se sintió muy ofendida ante el comentario y respondió:
"Mi hijo no es maricón, es que ha estado centrado en los estudios. Con 24 años ya tiene doctorado ¿Cuantos chavales pueden decir eso? El tuyo no, desde luego."
Yo nunca había tenido pluma, soy bastante varonil y no cumplo ningún estereotipo, por lo tanto la gente jamás había dicho de mí que era maricón. Pero si con 24 años seguía sin salir con mujeres por mucho más tiempo... los comentarios llegarían.
Fue entonces cuando lo supe: si no conseguía novia pronto, todos empezarían a sospechar.

Encontrar novia fue bastante fácil. Hablando con un amigo, le pregunté si conocía a alguna chica soltera con la que salir un poco. Mi intención era conseguir novia y salir una temporada, para acallar los rumores de mi homosexualidad, y después romper con ella con alguna tontería. Jamás pensé en casarme con una mujer, eso sería engañarla, y me sentaría muy mal engañar así a otra persona y utilizarla. Pero los planes nunca salen como uno espera.
Salí con esa chica, la llamaremos María, unas pocas veces. Cuando mi familia se enteró que nos estábamos viendo, saltaron de alegría. Mis padres quisieron conocerla pronto, y antes de que me diera cuenta María formaba parte de la familia. Mi madre la llamaba para comer en casa los domingos sin avisarme, y planearon incluso vacaciones familiares donde fuimos los cuatro al Caribe.

Después de varios meses de salir con ella, fue inevitable tener que tener sexo, sino María sospecharía que algo no iba bien. Por suerte soy una persona muy "caliente", y mi pene casi siempre tiene ganas. Apenas un rozón o un cosquilleo entre las piernas y se pondrá dura. De esta forma, aprendí un sencillo truco para conseguir erecciones rápido. Primero besaba a María, y mientras la besaba mi mano jugaba con mis testículos. El masajeo me la ponía tiesa, y María se pensaba que era simplemente por besarla.
Empezamos a hacer cosas, y como el sexo es sexo decidí disfrutarlo. Aún así, a medida que pasaban las semanas y los meses, no pude evitar empezar a sentirme culpable. Estaba engañando a una pobre chica.

Un día, cuando ya llevábamos seis meses de relación, María me dijo "Te quiero". Yo me quedé paralizado y no pude responder, porque no lo sentía. En mí se generó un debate en el que una parte quería devolver otro "Te quiero" para poder seguir con el engaño, pero otra parte de mí quería romper con ella en aquella ocasión, y aprovechar explicándole que no sentía lo mismo.
Al final no dije nada, y ella añadió "No tienes por qué responder ahora..." y se puso triste.

Aquella noche lo medité mucho. María se llevaba bien con mis padres, había venido con nosotros de vacaciones y la verdad es que me lo había pasado bien. Si seguía con ella, se abría ante mí la posibilidad de tener una familia convencional, de no tener que salir del armario y perder a mis padres. Además, María era muy cariñosa y era muy agradable dejarse cuidar por ella. Era cierto que a mí me atraían los hombres, pero en aquel momento pensé que si salía del armario haría infelices a mucha gente.
En cambio, si seguía mi vida como si no pasara nada, todo el mundo seguiría siendo feliz.
De modo que seguí mi relación con ella y le dije "Te quiero".

Tres años después le pedí matrimonio. Nuestras familias nos llevaban presionando desde hacía tiempo, y pensé que si iba a estar con una chica, al menos podía disfrutar de tener la familia tradicional y ser padre, un sueño que siempre tuve.
De modo que nos casamos. Queríamos celebrar una boda sencilla, pequeña, pero mi madre invitó a medio pueblo y al final terminó siendo una ceremonia grande. Al poco de casarnos, yo conseguí una oferta de trabajo en mi rama profesional (hasta entonces había estado trabajando en cosas menores).
Soy investigador y en España es muy dificil conseguir trabajo en esta área, de modo que no podía rechazar este puesto de trabajo. El lado malo era que teníamos que mudarnos a Madrid.
María me apoyó mucho y se vino conmigo. Nos compramos una casita en el centro de Madrid y al poco de casarnos nos mudamos allí.

Nuestras vidas continuaron tras aquel gran cambio. María estaba parada, pero buscaba trabajo como profesora. Yo en cambio estaba trabajando en el trabajo de mis sueños, lo cual fue maravilloso. Además, resultó que mi jefe era un hombre muy atractivo que me gustó desde el primer momento, aunque jamás se me ocurrió  intentar nada con él, puesto que le debía lealtad a María.
Al poco de empezar a trabajar me di cuenta de que necesitaba un desahogo, necesitaba algo que me permitiera perder el estrés. El Crossfit era algo que se estaba poniendo de moda, y en Madrid había ya varios BOX dedicados a ello, de modo que decidí apuntarme a uno y probar suerte.

El primer día en el que fui a apuntarme me atendió Luis.
Ay Luis... desde el primer instante me encandilaron tus enormes brazos y tu pícara sonrisa. Poco intuía yo en aquel entonces la historia de amor que estábamos a punto de vivir...

Continuará
 
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