Las flores negras

Relatos || Atrévete a contar tus experiencias más picantes y relatos
Responder
Sísifo
Novato
Mensajes: 1
Registrado: 30 Ago 2019 11:35
Gracias Dadas: 0
Gracias Recibidas: 0

Las flores negras

Mensaje por Sísifo » 30 Ago 2019 11:54

Buenas, soy Sísifo, me he dado una vuelto por los hilos y he encontrado historias muy interesantes, tanto que me he decidido a escribir una. Me gusta crear sobre todo atmósferas, y creo que con este tipo de relatos resulta más fácil transmitir ciertas ideas, siempre jugando con la realidad y la ficción. Así que allá va "Anhelo de flores negras", confirmo que se pondrá más "interesante" conforme avance la historia. 


Anhelo de flores negras

Capítulo 1. Una sombra en el agua

Hoy la luz se arroja perpendicularmente a mi costado. El destello lunar ilumina las cicatrices de mi espalda, que inmersas en la penumbra, pareciera que se encarnaran y supuraran. Espero quieto, con los ojos abiertos, a que llegue la hora. Me desvisto rápidamente y busco la equipación enterrada en algún recóndito lugar del armario. Cuando salgo de casa ya son las 12 de la noche.
Algunos miércoles, sobretodo en verano, nos colamos en las pistas de un colegio cerrado para aliviar las penas machacando un balón. Suena triste, pero no disponemos de otro lugar ni de alguna otra distracción. Quizás ni siquiera yo sepa por qué lo hago, pero me siento dentro, dentro de un espacio que es solo mío y de mis colegas. Un espacio que se pliega y que es peligroso, si uno sabe cómo llamar verdaderamente al peligro.
El hecho de que sea un acto clandestino me resulta atrayente y morboso. El balón se retuerce entre nuestras piernas sudadas, busca el calor, el deslizamiento. Somos sombras que se desplazan bajo el amparo de unos débiles focos. Veo ojos furiosos, me veo a mí intentando sortearlos… Es un juego mecánico, pero hay que poner los cinco sentidos para no quedar a merced del más fuerte, del más rápido.
Hoy me toca recoger los focos y llevarlos al almacén. Los demás ya se han duchado y se han ido. Conforme me voy acercando al vestuario, la luna se va tornando más lúgubre y se desdibuja. El ambiente recoge una inquietud palpitante; estoy cansado, pero mis sentidos son capaces de apreciarlo. Llevo varios días arrastrando un continuo cansancio que a veces me hace pensar en el desfallecimiento, pero quizás solo necesite respirar como es debido y… probablemente, agua fría.
Me quito la camiseta, luego los pantalones. El agua aún no está lo suficientemente fría. Los calcetines y los bóxers caen al suelo delicada pero inexorablemente, como si un campo imantado los quisiera depositar lejos de mi cuerpo. No está lo suficientemente fría. Ahora la inquietud palpitante ha regresado con renovada emergencia; sé que aquí hay algo que no debería estar, pero aún no sé de qué se trata. Puede que haya visto una sombra observarme a través del agua. Ha visto mi cuerpo, ya sabe cómo es. Me ha visto por fuera, quizás también por dentro. No podría asegurarlo, pero si alguien de verdad me estaba observando, había sido complacido.
El agua siguió corriendo, empecé a pensar que todo aquello era fruto del agotamiento. Hacía días que me encontraba muy cansado, pero aún estando en ese estado, siempre he sabido leer el ambiente. Y la noche no suele ser mentirosa. ¿De verdad había alguien, alguno de mis compañeros, que me observaba mientras el agua recorría todo mi cuerpo? ¿Le gustaba realmente recrearse en mis contornos, en mi vello, en mi polla? Quizás fuera el cansancio, pero en el fondo deseaba que llegara la noche, que llegara la semana que viene.

Responder